Comiendo prójimo

Comiendo prójimo

Hay que confesar sin pena ni remordimiento que una mujer ajena y bella, es una manzana prohibida que definitivamente uno quiere probar. Puede que no lo haga, pero quiere. De pronto es un vestigio de nuestro salvaje instinto por pelear y expandir el territorio… no lo sé; lo que sí sé es que con ese manzano yo ya me encontré.

La mujer del prójimo es un enredo para la cabeza y un tiro al blanco del deseo. El caso se complica dependiendo de su cercanía con el prójimo; ahí es donde se resuelven sus posibilidades, sus límites y donde usted, mi querido agalludo (fresco que esto nos pega a todos), debe sacar la balanza para medir esa relación comparativa entre lealtad vs. ganas.

Suena feo, ¡muy feo! decir que desear la mujer del prójimo es un índice de deslealtad, pero lo es; saque usted sus pretextos para hacerlo, pero lo es.

Si dicho prójimo es amigo cercano o jefe, ¡huya! Esa tentación no podría ser enviada desde otro lugar diferente a la última caldera del averno e incluye tragedia. Cancele la pendejada, deje de echarle el ojo a la presa y mejor concéntrese en las disponibles; o… si insiste en complicarse la existencia, desvíe su atención hacia aquella presa que usted sabe que tiene quien la cuide, ¡peeeero! como usted no conoce al guardián, pues se puede dar una licencia extracurricular… ’Cálcelo sin compromiso’.

Cuando usted empieza a enredar a la mujer de ese prójimo anónimo, que no le interesa reconocer, por lo general hay un proceso mental que internamente se va adelantando y que paulatinamente hay que ir implantando en el subconsciente de la presa: ’… Estoy seguro que conmigo estaría mejor… se nota que ese mancito no la trata como se merece… ¡esta hembrita tiene que estar es con un tipo como yo!… si esta vieja anda cacaraqueando por acá es porque algole está haciendo falta…’

Y funciona muy bien, dependiendo obviamente de su habilidad para sembrar esa semilla de ’quiero algo nuevo’ en ella. ¡Ojo! Hay que cerciorarse de estar creando ventaja para usted mismo y que no esté haciéndole el trabajo a otro; así mismo tener claro que no hay técnica infalible, y esto puede terminar en que la presa esté aún más amañada con su guardián. Hay que saber perder

y retirarse en el momento preciso. Nada de pelar el cobre, usted no puede decirle que estén juntos, a ella se le debe ocurrir;  parecerá un accidente.

Recuerde que su trabajo es sembrar el fruto de la duda; riéguelo, cuídelo y espere que esté maduro. No lo baje estando biche a punta de piedras, deje que se caiga solito. La cosa hay que hablarla crudamente porque la situación es cruda. Cargar las ganas de algo prohibido mueve duro el piso y el sótano. Y tomar la decisión de entrar al juego es de esas puntuales emociones en las que se desafía la consciencia.

Entiendo que este tema ya se había registrado en los mandamientos de la ley de Dios, y supongo que por eso está tan mal visto… Lo que no entiendo es quiénes y a qué hora determinaron que al prójimo no se le puede mirar la ex. A esa no la habían contemplado en la norma original… pero buehh…, después daremos esa pelea.

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