Como elegí una buena Flecha

Como elegí una buena Flecha

Foto: Isabella Bedoya

Y es que nunca es fácil aprender a elegir un buen celular. Es tan vital aprender a tener uno que se ajuste a tu estilo de vida, como saber que cuando tu novia dice que necesita tiempo, estás jodido, o como cuando la mamá de uno dice: “mijo, eso como que no le queda bien”, cámbiese y queme la ropa inmediatamente.  Unos lo aprenden comprando, otros más “abejas” aprenden con los celulares de los amigos, y yo, aprendí en la escuela más económica del mundo, en el bus.

Escuela en la cual el nivel de intensidad en las clases es directamente proporcional a dos cosas: Una, al tamaño del aula, o sea esos buses que son tan grandes como los carros con los que sacan carbón en La Guajira, y dos, la ubicación dentro de esta especial aula. Bien lo decían en el colegio, que los inteligentes se hacen adelante, más yo como toda la vida he sido alumno rebelde, aprendí atrás.

Mi educación en el tema “cómo elegir un buen celular” fue personalizada. El primer tutor que me tocó era un personaje particular; de gorra, camisa de mil colores y de un gran parlamento. Nos unimos en un diálogo prolongado donde curiosamente él era el único que conversaba, yo sólo tomaba notas mentales. Debo decir que nos conocimos, me contó que había pertenecido a un grupo de muchachos que acampaban en la selva o algo así, no le entendí bien, hasta que llegó el momento del intercambio de celulares.

Lo raro fue que sólo yo saqué el mío y él se limitó a hacer el escaneo completo a mí “flecha” como lo llamó (yo la verdad creí que tenía era un Nokia). Luego me lo devolvió y con cara de enojado no dijo una palabra más, se paró y se fue. Bueno, no tenía cámara, ni linternita y no se sabía si era blanco o amarillo. No era para mí, si no le gusta a los que de verdad saben del cuento, no era para mí.

Al tiempo cambié de equipo y me enrruté de nuevo a ver si esta vez alguien podía enseñarme sobre estos temas y claro, rápidamente obtuve mi respuesta. Esta vez eran tres los eruditos que iniciaban la clase con cantos alegres y exactamente igual que la vez pasada después de una larga teoría, me pidieron mi nueva adquisición. Con la escaneada vieron que tenía lucecita (ya había aprendido) e inmediatamente se lo llevaron, así, sin más ni más. A mí la verdad en principio no me gustó, pero luego pensé que era por dos cosas: O porque estaba muy chévere e iban a comprar uno igual, o lo iban a botar para hacerme un favor. La vaina se aclaró cuando uno de los alegres cantores de la vida lo tiró al suelo.

Muchas personas me han dicho que no era educación económica, que al contrario me iban a robar, pero la verdad no lo creo, es decir cuando yo voté en las elecciones donde prometían en un comercial “más seguridad, más trabajo, mejor pagado” eso se erradicó ¿no? Igual me di cuenta que el celular para mí es el de linternita: cómodo, útil, les gusta a muchos, pero por lo visto no a todos, ¡perfecto!

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