Como un arrocito en bajo

Como un arrocito en bajo

Foto: Christian Nielsen - EL CLAVO

Las alarmas de desastres naturales, pérdidas de cosechas y hambruna en el mundo debidos al calentamiento de la Tierra se han disparado en los últimos meses. Pero según algunos científicos, “todo el debate sobre el calentamiento global es un espejismo: el método utilizado para determinarlo y a sus consecuencias es más política que ciencia. El concepto de temperatura global es una imposibilidad termodinámica y matemática ya que es imposible hablar de una sola temperatura en algo tan complicado como el clima terrestre” .
No somos científicos investigando la temperatura global y los métodos de medición, ni estamos en condiciones para destapar una gran ‘conspiración’ detrás del clima del planeta, pero podemos sentir que en Bogotá se están registrando temperaturas récord, con tardes asombrosamente calurosas y noches congeladas. El problema del calentamiento no se reduce a potencias comprando emisiones, la capital convirtiéndose en un paraíso tropical o Cali en un pequeño país de estaciones; éste implica grandes desastres económicos y pérdidas humanas. Independientemente de todos los intereses y manipulaciones que pueda haber detrás del calentamiento global, nuestro juego económico tiene muchas trampas y desigualdades, cuyas consecuencias pueden salirnos muy caras a todos.
La población rural se ve afectada por la necesidad de competir en un mercado globalizado, especializando e intensificando la producción agropecuaria a costa de la diversidad y la sostenibilidad. Las zonas deforestadas crecen y las industrias generan cada vez más combustión. Si el calentamiento global está asociado al efecto invernadero, nuestro sistema productivo ciertamente contribuye a empeorar el problema.

Los desastres naturales relacionados con el deterioro del medio ambiente (inundaciones, deslizamientos, incendios forestales, etc.) son un freno para el desarrollo de muchos países. Cada vez que ocurre un desastre, el gobierno debe reconstruir infraestructuras perdidas, auxiliar a los afectados, reubicarlos y abastecerlos por un buen tiempo. Cuando el país no está en condiciones de hacer estas reparaciones, como sucede en Colombia, la ayuda internacional cubre gran parte de los gastos. Sin embargo, no importa de dónde venga el auxilio, los desastres representan grandes pérdidas para los directos afectados y gastos que, de no ocurrir los desastres, podrían ser inversiones para el desarrollo.

De esta forma, el deterioro del medio ambiente y el calentamiento global son fuente de pobreza, y la pobreza necesita un lugar donde vivir, sobretodo cuando un Estado como el colombiano no tiene cómo ayudar a sus pobres. Surgen entonces las invasiones, debidas también a los conflictos armados, que con sus monocultivos, son otra fuente de deterioro ambiental. Ellas se construyen sobre terrenos vulnerables y son altamente contaminantes, ocasionando más desastres como deslizamientos de tierra y contaminación de las fuentes de agua.
Si estos desastres frenan el desarrollo de los países, empobreciendo a la gente y bloqueando la inversión social, la posibilidad de prepararse para enfrentar el calentamiento global estará cada vez más lejos. Si en Colombia, por ejemplo, la inversión en prevención de desastres, protección forestal y desarrollo de energías alternativas es prácticamente inexistente, la frecuencia de las catástrofes no nos dejará ni pensar en ello.

• 2004: 330 desastres naturales causaron la muerte de más de 300.000 personas y perjuicios económicos por US$123.000 millones. (Swiss Re)
• 2005: 360 desastres naturales con miles de víctimas mortales, millones de damnificados y US$159.000 millones en pérdidas. (Universidad de Columbia)
• En el Caribe, incluyendo Colombia, los huracanes, sequías y terremotos causan cataclismos económicos por la degradación del clima, poblaciones en puntos de riesgo y falta de prevención. (Universidad de Columbia)

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