Con las manos en la lata

Con las manos en la lata

Foto: Luis Emiro Mejía

“B usco pared virgen que no oponga resistencia “, clama Luis Liévano (Keshava), un conocido ‘grafitero’ bogotano. En las selvas de cemento hay de sobra muros con sed de aerosol y sujetos dispuestos a saciar esa “maña” que aún se escurre fresca en las urbes.

La ciudad, capital ‘grafiti’

Hay quienes ojean las ciudades pero no las leen, otros en cambio leen, repasan, rayan y subrayan ‘sobre’ ellas. El ‘grafiti’ com o lenguaje urbano, surgió opuesto a lo institucional. La historia del país, como en los tabloides, también se vio pasar en la pared. Distintas ciudades-escenario de este movimiento, lo vieron crecer en barrios co m o un medio para afirmar la propiedad del territorio. ‘Grafiteros’ con años de experiencia, como Keshava de Bogotá, han visto de cerca este proceso. “Para la democratización de la co m unicación es conveniente lo que ha pasado con el ‘grafiti’, todo el mundo lo hace: políticos, grupos de rock, barras de fútbol, parches y tribus que expresan así su sentido de pertenencia “, afirma.

De blanco y negro a color

La ciudad hoy observa la transformación del ‘grafiti’. Es así como se distinguen dos tipos: uno ‘literario’ , con elementos de significación y frases con tinte críti co frente a diversos temas; otro, una ola de ‘grafitis’ compuestos por dibujos elaborados que cada vez toman más fuerza, que son realizados regularmente por grupos de jóvenes co n técnicas que incluyen stencils o moldes .

Carlos Téllez, un bogotano de 15 años, estudiante de bachillerato, conforma junto con dos co m pañeros un grupo de ‘grafiteros’, un crew (banda) que para ellos es una familia a la que llaman MAC, Movimiento Aero-Callejero. Muchos de los ‘grafitis’ del MAC y otros grupos como éste, tienen un estilo centrado en imágenes. Carlos Téllez defiende sus ‘grafitis’ como expresión artística. “El ‘grafiti’ encierra la palabra ‘arte’, un contexto de colores, formas y estilos. Tratamos de adornar la ciudad con algo que la haga ver mejor, que le dé vida a lo que quizá ya no la tiene “.

Estos ‘grafitis’ son de colores llamativos, formas inmensamente variadas y en pocos casos llevan mensajes basados en temas específicos. A Keshava no le convence totalmente este “nuevo” ‘grafiti’, palabra que según él se ha vuelto un genérico. “El ‘grafiti’ pasó de ser una cosa clandestina y marginal como el rap y se volvió una moda, todo el mundo empezó a escribir todo tipo de bobadas, pero como digo yo, las paredes como el papel todo lo resisten (…) El que hago yo tiende ser poético , a jugar con las palabras “.

Durante décadas, miles de muros han hablado por los habitantes y les suscitaron reflexiones. “Deberían haber espacios donde los jóvenes escriban lo que quieran: cosas ingeniosas, poéticas… Ellos tienen mucho qué decir y no lo están haciendo a través de las paredes “, afirma Keshava.

Las ciudades capitales se encuentran con una diversidad de ‘grafitis’ que dan a calles y avenidas un aire de galería posmoderna. Esta cultura callejera se transformó en diversas formas, lentamente se legitima, trasciende su carácter ilegal, clandestino e íntimo y lleno de adrenalina que se apodera de quienes lo hacen de noche mientras piensan que ‘la tomba’ los puede agarrar con las manos en la lata.

Comments

comments