Corrupción doméstica

Corrupción doméstica

El lunes 7 de marzo de 2011, un personaje que no merece ser mencionado soltó la siguiente frase para la posteridad: ‘la corrupción es inherente a la naturaleza humana’.

Colombia entera se escandalizó por esta declaración y de muchas maneras se expresaron muestras de indignación por parte de ciudadanos, periodistas, líderes de la opinión pública, etc.

Quisiera que pensáramos en frases como: ‘¡Señor agente! Hay 20.000 formas de arreglar este problema’… ‘Hágale que de eso nadie se entera’… ‘Yo le ayudo con eso, pero me tira la liga’… ‘¡Papito! agilíceme esos papeles que yo lo llevo bien’… ‘Si llaman los del banco dígales que yo no estoy’…

Y así hemos formado nuestra identidad colectiva. A punta de mentiras piadosas, ‘porfuerazos’ y ayuditas bajo cuerda, se ha ido construyendo este panorama social plagado de vicios y actos egoístas que, por supuesto, siempre van muy bien justificados. Pareciera que la corrupción doméstica es una práctica social de resaltar porque incluso la hemos visto en nuestras casas, la sacamos a flote sin mayores remordimientos y bastante ya nos han dicho que ‘el vivo vive del bobo’.

Estamos convencidos de la inocencia de nuestros actos, no vemos el lío en pasarnos el semáforo en rojo, creemos que sencillamente nos estamos facilitando la vida sin hacerle daño a nadie; ¿Los corruptos? ¡Ah Sí! ¡Claro! Son todos esos políticos que sólo saben de torcidos y se roban la plata del pueblo… Nosotros sólo estamos aplicando el instinto de conservación ¡El mundo es de lo vivos! ¿No?

Soy del pensamiento causa y efecto, y por eso creo que somos culpables de los grandes goles de la corrupción; esa que nos parece tan escabrosa, esa que rechazamos y contra la cual ‘luchamos’. Somos culpables porque la alimentamos cada vez que hacemos ‘copy-paste’, ‘chancuco’ o arreglamos una vuelta con ‘el flecho’. Somos culpables porque el que es corrupto lo es a menor o mayor escala, pero lo es. Somos culpables porque si hoy manejo una moto y no me importa meterme en contravía, qué va a pasar cuando maneje, por ejemplo, los dineros de una compañía.

Tema difícil. Sobre todo porque yo sé que a muchos nos gustaría solucionarlo, porque sé que tenemos buenas intensiones, pero cuando recorremos el problema desde la copa hasta la raíz nos damos cuenta que no se trata de nada sencillo y seguramente pensamos que de nada sirve que yo, una sola persona, haga las cosas bien… Mucho mejor si todos en un cambio masivo de pensamiento empezáramos a actuar correctamente ¿Cierto? Y ahí está el verdadero problema (pero a la vez la solución), estamos esperando que todos los demás sean buenos para nosotros serlo también.

Qué tristeza que aquel que no merece ser mencionado, pueda tener razón en un señalamiento tan aturdidor. Qué pereza sonar tan moralista, pero el tema me inquieta bastante. Todos los días hay, por lo menos, una oportunidad para echarle mano al torcido; usted verá, píenselo bien y por ahora… ¡dejémonos de vainas! ¿SÍ?

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