Cuatro transacciones prepago más tarde

Cuatro transacciones prepago más tarde

Ilustración: Pepa - EL CLAVO

Ilustración: Pepa - EL CLAVO

La noche es joven y Jorge, estudiante de 22 años de una carrera cualquiera en una universidad cualquiera, se acerca a su estanco de confianza y pide una Brava. Le piden su cédula porque, a pesar de se un cliente común y regular, es mejor verificar. Primera transacción prepago realizada con éxito: obtiene la cerveza que él sabe lo llevará al primer estado de la mente del fin de semana (prendido). El costo de la transacción es bajo, alrededor de los 3.000 pesos.

Aproximadamente una hora y media y 4 transacciones después, Jorge se encuentra con Adriana, profesional de 24 años graduada de cualquier carrera de cualquier universidad. Salen juntos del estanco de confianza para llegar al rumbiadero de moda. La música suena desde la terraza y juntos se apresuran a entrar.

En la puerta se encuentran con Gato, vago profesional salido de cualquier lugar y probablemente desertor de cualquier universidad. Se saludan todos y a la pregunta “¿qué van a hacer?“, la respuesta es “no sabemos“. Gato les cuenta que al amigo que trabaja con él le llegaron unos “productos” nuevos y baratos. Interesados, preguntan qué es, así que Gato les muestra una pequeña píldora roja y les dice “parce, es lo mejor, se va a sentir una chimba y sólo cuesta 15 lukas“. Jorge se ve indeciso, pero impulsado por su actual estado de prendidez, se siente valiente y le dice al Gato “parce, hágale, déme una“. Segunda transacción prepago realizada con éxito. Jorge acaba de comprar una pepa, sabe que más tarde va a sentirse en éxtasis total y probablemente se olvide por un buen rato de lo que pasa alrededor en el mundo y se concentre sólo en su felicidad. La mejor parte sería que su víctima de la noche (Adriana) finalmente se atreva a ir más lejos con él. Costo de la transacción: 15.000 pesos por un nuevo estado mental.

Adriana, mientras tanto, ha ido a buscar a Juancho, compañero de la universidad a la espera de graduarse de cualquier carrera. Éste está sentado fuera del rumbeadero con un cigarrillo un poco diferente a los habituales, que se ve arrugado y bota un humo dulzón. Es un porro que fue obtenido de un habitual vendedor de chicles y cigarrillos que se hace en la calle, mediante una transacción prepago de 1.500 pesos por un nuevo estado mental. Juancho está un poco más lento de lo normal y sube con Adriana las escaleras del rumbeadero de moda, donde se encuentran con Jorge, que mediante una tercera transacción prepago de 12.000 pesos ha conseguido un coctel con siete licores blancos y algunas porquerías más que saben a Fresco Royal.

Adriana recibe la mitad de una píldora roja y se la traga bajándola con un poco del coctel de Jorge. Juancho mientras tanto, va al baño a utilizar un “producto” que adquirió de su amigo el Gato mediante una transacción prepago de 10.000 pesos: una bolsa de perico, que hará que ese coctel maligno de Jorge no le haga ni cosquillas.

De fondo la música estruendosa y la gente alrededor de los parlantes salta extasiada. Tres horas después Juancho está tieso como roca y ni borracho ni trabado, deseperado. A Jorge y Adriana ya por fin les estalló la pepa y brincan de un lado a otro, pero de repente algo inesperado sucede: la música se apaga sin más, la rumba se acaba. “Señores, ya son las 2:00” dice una voz, todo el mundo para su casa.

La única transacción pospago de la noche es un taxi que lleva a todo el mundo y su loquera individual a destino.

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