Definitivamente tusa es tusa

Definitivamente tusa es tusa

Foto: Beatrice Aguirre

Foto: Beatrice Aguirre

Una vez más me encuentro sentado en la misma piedra desde donde diviso gran parte de la Cali donde vivo. A mi lado encuentro la profunda mirada de Sebastián de Belalcazar quien me confunde, pues no sé si me está juzgando o dándome ánimo, igual no me importa, ya me acostumbré a su silencio. Hoy he decidido no pensar más en ella ni en los fantasmas del pasado; es increíble saber que cuando uno se siente bien mal es cuando vuelven los recuerdos y lo hunden. Una caja de vino tinto, varias lágrimas y la inseparable compañía del sabor de una mazorca asada al carbón, en un pequeño e improvisado “chuzo” a la orilla de la Avenida Circunvalar, sazonado con mucha mantequilla y sal, hacen que no deje de pensar en ella, en mi soledad, en los recuerdos y en lo que estoy sintiendo. Poco a poco empiezo a desgranar la mazorca y a sentir su suave sabor a mantequilla salada con maíz y al mismo tiempo recuerdo cómo Marcela me acariciaba todas las noches la cabeza antes de dormir, cómo me aguantaba mis malos genios y cómo se veía de linda al lado mío en todo el tiempo. Pero, ¡un momento, he dicho que no voy a pensar más en ella! Mi cabeza me confunde y mientras muerdo cada pedazo, su recuerdo lo saborean mi mente y mi corazón. Como si hubiera sido ayer, viene a mí la última vez que me encontraba en la misma situación: hacía sólo tres meses y cinco días que había terminado mi relación con Sandra y me había refugiado en el sabor de la mazorca caleña. ¿Qué tendrá está comida que me llena de entusiasmo? No sé, pero no me importa averiguarlo, así estoy bien.

Cristina, Natalia, Sandra, Lucía, Soledad y ahora Marcela forman parte de mi pasado, cada una con su historia y a la vez con su desenlace. Seis borracheras, seis llantos distintos, seis tipos de culpables, seis intentos de suicidio, seis dolores de cabezas, seis depresiones y hoy me he dado cuenta que van seis mazorcas que he sabido disfrutar, cada una va aliviado mis penas. Poco a poco se van acabando las heridas igual que como se acaba el maíz, y es que he llegado a la conclusión que definitivamente terminar una relación, es como comerse una mazorca. Uno compra una mazorca y ésta está enterita, con algunos defectos y quemados, pero comible. Después de dejar enfriar la mazorca, se saborea y se comienza a morder por pedacitos. Luego se empieza a morder y a desgranar las pepas más amarillas dejando sólo la parte quemada y fea para lo último. La mazorca ya está probada, saboreada y utilizada, pero como buen ser humano que se respete no se desperdicia nada, así que se prosigue a comerse la parte quemada y fea por no dejar, así esté consiente que hacer esto le puede causar mucho daño.

Ya cuando ha terminado con todas las pepas queda lo más maluco, la famosa tusa. Por más que se chupe no se va a regenerar, queda un palo vacío y peludo bastante feo, algunas personas quedan con un sabor agio y amargo en la boca, otros insatisfechos porque le faltó sal, otros porque se dejó quemar mucho y otros porque quedó muy cruda, pero al fin y al cabo tusa es tusa y es mejor botarla a la basura antes de que quede el mero rastrojo.

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