Duberney Marín

Duberney Marín

Foto: Duberney Marín

Acercarse al arte contemporáneo pareciera ser una aventura para locos. Definitivamente, hay que retirarse de la vida cotidiana para descubrir en el arte otra manera en que el espíritu humano se manifiesta. Si revisamos un poco la historia del siglo XX nos damos cuenta de que se dieron todo tipo de tendencias estéticas, que fueron el testimonio de una época de cambios, provocados entre otras cosas, por la llegada de la fotografía que desprestigió en un momento dado a  la pintura. Insistir hoy en ser artista y pintar es un acto de fe en las posibilidades estéticas de la subjetividad. A esto le ha apuntado el artista Caleño Duberney Marín.

Los medios de comunicación han saturado nuestra experiencia de imágenes que poco o nada tienen que ver con la experiencia profunda de la existencia. Gente supuestamente bella que sonríe ordenando consumir sin cuestionarse, ni preocuparse. Imágenes que muchas veces refuerzan una forma tonta de vivir.

El reto de Duberney Marín es recurrir a una de las formas más antiguas de la expresión artística que es la pintura al óleo, para volver extraña esa experiencia cotidiana. En sus pinturas sugiere figuras que se pueden identificar, pero que manifiestan experiencias subjetivas que cuestionan y transforman su propia realidad y la de sus espectadores.

Para entender los cuadros de Marín, es necesario volver a pensar en nuestras experiencias urbanas y su relación con lo rural.  El pincel y el óleo se juntan para untar los lienzos y formar imágenes recurrentes como las atmósferas urbanas recreadas en edificios y ropa colgada. Espacios de la ciudad que se transforman y que parecieran devorar la tranquilidad de una vaca en un potrero.

Algunos de sus cuadros podrían ser la crítica de una sociedad que produce edificios de apartamentos asfixiantes que se construyen al ritmo del crecimiento poblacional. Y estas atmósferas las confronta con lo rural. Pinturas que apelan a los sentidos, creando sensaciones orgánicas que podrían seducir hasta al mas ignorante del arte contemporáneo.

La ciudad que evoca Duber es caótica, híbrida, desquiciada y que muta en la medida que sus habitantes la transforman. Parece que su mirada se ubicara  desde las ventanas de su cuarto, desde una rendija o desde el otro lado de la cortina o desde la mesa de su comedor, creando un escenario que le facilita apropiarse de ella y reconstruirla a su antojo.

Imagínense ver cómo una ciudad es devorada por un sifón de inodoro o de una regadera. La ciudad construida en una mesa de noche. La ciudad donde vuela ropa evocando la presencia de personas que la habitan. La ciudad donde vacas y aviones se apropian de lugares imposibles.

Dice Marín que la pintura es como un elemento vivo que crece y se alimenta en la dinámica de lo cotidiano. Duber ha sido profe en varias universidades, y en sus exposiciones ha dejado ver la humildad que lo engrandece.

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