#ÉchemeElCuentoV2: Causa de Muerte

#ÉchemeElCuentoV2: Causa de Muerte

causa-de-muerte

En una ajetreada mañana llena de tráfico y prisa, corre una joven por las calles de la ciudad. Entre insultos y gritos, se abre paso a través de la mul­titud que camina al com­pás de una melodía libre de preocupaciones. Cada segundo pasa más rápido y aunque ella quisiera, sus piernas no pueden competir contra el reloj que lleva en su muñeca.

Ya perdió la cuenta de las cuadras que ha dejado atrás. Gotas de sudor resbalan por su rostro y de nada sirvió planchar esa elegante camisa, porque ahora es un simple trapo mo­jado. Frena en seco, toma una amplia boca­nada de aire y continúa su carrera. Sabe que debe cruzar la calle y que llegará a su destino y que tantas noches en vela finalmente val­drán la pena.

 

"Fue tan rápido que podría olvidarse, pero las marcas de las llantas en el pavimento delatan una desgracia."

 

El gentío que acapara la calle se detiene ante el es­truendoso sonido que acaba de escuchar. Fue tan rápido que podría olvidarse, pero las marcas de las llantas en el pavimento delatan una desgracia. Ya no se escuchan insultos ni gritos; la avenida ha quedado en silencio por un instante. De repente, hojas y hojas de papel vuelan por encima de los carros detenidos: es un espec­táculo con olor a caucho quemado. Delante de un taxi, se encuentra tendida una joven en el asfalto, sus pupilas se dilatan y sus ojos azules como el cielo se nublan como una fría mañana.

Minutos después, con el tráfico paralizado, sujetos uniformados acordonan la escena. La multitud se reúne y se sumergen en un coro de murmullos y suposiciones. “Pobre mujer, es una desgracia”, “se lanzó sin decir una palabra, ya lo tendría pensa­do”, “¿por qué tantas hojas? ¿Cargaba consigo su última carta?”.

Un último carro aparece y de éste sale el hombre que la gente esperaba: el perito que sabría descifrar el acertijo de la muchacha que quería ganarle a los segundos de su reloj. Tras recoger con cuida­do cada hoja de papel que voló por los aires con el accidente, observa con deteni­miento la escena y frunce el ceño. Con cierto malestar se rasca la cabeza y deja escapar un suspiro mientras contempla los gélidos ojos de la joven en el suelo.

— ¿Y bien?— Pregunta un joven uniforma­do. — ¿Cuál es la causa de muerte?—

El perito toma un segundo para responder mientras arroja la pila de hojas a las manos del uniformado.

—Una tesis inconclusa.

Autora:

Sonia Moscoso

sms-13@hotmail.com

sonia-moscoso-web

Comments

comments

Leave a Reply

*