#ÉchemeElCuentoV2: La Entrevista

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Desde su despido las cosas no han sido fáciles para Inmarcesible García.

Le gustaba fantasear con la idea de una vida sin dinero, ¿qué pasaría si no dependiéramos, a ex­tremos casi irracionales, de éste? Ya casi no juega con ese pensamiento y, aunque cuenta con el apoyo de sus seres queridos, se ha convencido de que no sólo de amor vive el hombre.

Hoy tiene su quinta entrevista, lo que in­dica que va por buen camino. El cielo está nublado y el tráfico se mueve despacio, como si alguien lo reprodujera en cámara lenta.

A unas cuadras del lugar García se las arregla para parquear en una acera. Empren­de su camino a pie, primero camina y luego, cuando unas gotas golpean su cabeza, corre.

 

"Aunque cuenta con el apoyo de sus seres queridos, se ha convencido de que no sólo de amor vive el hombre."

 

Ya en el ascensor se arregla el pelo y se ajusta la corba­ta. Asume que es la última entrevista. Repasa mental­mente un par de respuestas a posibles preguntas. Está preparado.

En la recepción, después del saludo, la secretaria le dice: “el se­ñor Álvarez lo atenderá dentro de poco”. “Álvarez, ¿el presidente?” pregunta asombra­do. “Sí, por favor tome asiento”.

Se distrae con unos ejercicios de respira­ción. Su ritmo cardiaco baja y afirma su con­fianza; siente que está preparado para una entrevista hasta con el mismísimo diablo. La secretaria le avisa que puede seguir.

Álvarez lo saluda e invita a sentarse en una mesa circular que tiene encima una bo­tella de Whiskey, dos vasos y una hielera. Sirve los tragos y le dice: “Podría decirse que el puesto ya es suyo. Sáquese de la cabeza que esto es una entrevista, véalo más bien como una reunión entre amigos”.

García se relaja y habla libremente. En al­gún momento llega a pensar que podría con­vertirse en buen amigo de uno de los empre­sarios más poderosos del país.

Al momento de despedirse, cuando es­trecha la mano de Álvarez, éste lo mira fija­mente a los ojos y le dice sonriendo: “señor García, sólo necesito hacerle una última pre­gunta para confirmar su ingreso a la compa­ñía”.

En su estado alegre y dicharachero, In­marcesible García siente que puede respon­der lo que sea.

“¿Cuál fue su voto en el plebiscito, SÍ o NO?”

¿Qué responder? Si dice SÍ, Álvarez lo po­dría acusar de traidor, Castrocha­vista y demás títulos, pero igual le da responder NO, lo que lo dejaría como un enemigo de la paz, un partidario de las balas y la muerte. “¿Cuál habrá sido el voto de Álva­rez?”, piensa García.

Inmarcesible García se siente presionado como nun­ca bajo la mirada inquisitiva de Álvarez que le exige una respues­ta; sólo atina a responder:

“Yo no voté”.

Álvarez lo mira sorprendido y en un tono seco, sin rastros de la camaradería previa le dice: “Puede retirarse, nos comunicaremos con usted”. García Agarra su chaqueta y sale cabizbajo de la oficina.

La llamada nunca llegó. Aún no encuentra la fórmula para sólo vivir a punta de amor.

Autor:

Juan Manuel Rodríguez

@Vielecht

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