Europa internacionaliza la universidad

Europa internacionaliza la universidad

internacionalizaLas primeras universidades, desde el siglo XI, fueron internacionales. Lo eran en cuanto a sus contenidos pero también en cuanto a sus profesores y alumnos, llegados de toda Europa. Con esa misma apertura universal perseveraron hasta los comienzos de la Edad Moderna.

Se atribuye a las reformas de Napoleón I la conversión de la Universidad en un ente nacionalista. Pero la verdad es que el nacionalismo universitario radica más atrás, en las luchas religiosas que surgieron a partir de las rebeliones de Lutero, Enrique VIII y otros heresiarcas, así como de la Contrarreforma Católica iniciada por el Concilio de Trento, y después en la aparición de los Estados-Nación, a partir del siglo XVII..

Hoy las universidades europeas, rescatando lo mejor que puede ofrecer la globalización, tratan retomar la senda, de abrir las perspectivas académicas a una dimensión mundial y promover el intercambio no sólo de profesores y alumnos sino de conocimientos entre universidades de diferentes regiones y países. Es parte de un proceso iniciado en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, dentro del movimiento general emprendido por integrar las economías, la política, la cultura de los países europeos.

Las universidades europeas lo están haciendo, cada día con mayor intensidad. En el año 1999, los ministros de educación de la Unión Europea firmaron la Declaración de Bolonia, en la sede de la universidad más antigua de Europa (ver Universitas Xaveriana Cali, No. 26, pp. 42-46) en la que trazaron la línea para un «espacio universitario europeo» que deberá estar estructurado plenamente por lo menos en el año 2010. Las mejores universidades de Europa han llegado por fin a la conclusión de que no podrá darse un exitoso camino para la integración económica, política y cultural, si no se da paralelamente una integración básica en la preparación de quienes están destinados a dirigir los diversos procesos en la Europa del siglo XXI.

La tendencia europea ha cruzado el océano y se convierte en un movimiento que toma cada día más fuerza en las universidades de América Latina. De hecho, directivos Universitarios de Europa y América Latina suscribieron en el año 2000 la Declaración de Santa Catarina y el Plan de Acción de Torino como comienzo de un camino de integración universitaria a ambos lados del Atlántico (ver documentos de estas reuniones en la misma revista).

Son muy diversas las razones que puede tener una universidad para buscar y permitir que el mundo la fecunde. Desde acuerdos de tipo internacional gestionados por los gobiernos (casos de la Unión Europea y Mercosur), pasando por la necesidad imperiosa de responder al reto de la globalización técnica y económica, hasta la búsqueda de estándares internacionales para sus programas, aparecen entre el elenco de motivaciones para asumir el reto de la internacionalización.

En el fondo de todas ellas se descubre (o debería existir) la preocupación por la Calidad, entendida como respuesta adecuada a las necesidades y exigencias del entorno, con fidelidad a la propuesta educativa de cada institución. No puede haber hoy un sólo programa universitario de calidad, si no tiene marcada la perspectiva internacional en todos sus aspectos. Mientras mayor sea la perspectiva internacional de un determinado programa, mayores posibilidades tendrá de lograr una alta calidad académica.

En cambio, no se advierte ese mismo ímpetu en las universidades de Estados Unidos, de acuerdo con la perspectiva aislacionista de su cultura. Para el sistema universitario norteamericano, generalmente la «internacionalización» se entiende como la convocatoria de estudiantes y profesores del resto del mundo para que participen de las ventajas de sus universidades, o como la posibilidad de extender su visión de la educación universitaria a otros países, ahora con el apoyo de Internet.

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