La suerte… ¿Quién cree en ella?

La suerte… ¿Quién cree en ella?

hera Por: Hernando Prado Profesor Facultad de Ingeniería
hprado@puj.edu.co

Con absoluta certeza, afirmo que la Suerte puede deducirse. Ella es un caso particular del principio incontrovertible de la causalidad; simplemente, es el efecto esperado de causas que pueden establecerse de antemano. Las llamadas, “circunstancias aleatorias” que determinan la Suerte son, sencillamente, causas no advertidas por quien recibe los beneficios de su sorpresiva, por lo aparente y engañosa, ocurrencia. Y es un hecho incontrovertible que un previo análisis de los posibles factores que inciden en los mal llamados eventos aleatorios permitirá deducir con certeza, y óiganlo, sin riesgo alguno, el resultado que causalmente les corresponde.

Y para demostrarlo, con hechos y sin lugar a dudas, basta que les relate lo que le ocurrió a Tiberio, un campesino ignorante, pobre de bienes y de espíritu, quien trabajó para mi avariento tío por un salario menor que el mínimo, que es mucho para decirlo. Un buen día, todos nos sorprendimos por la agitación que Tiberio causó en el pueblo buscando afanosamente el número 44 de la lotería. No quería otro número. A cualquier costo sólo quería el 44. lo buscó en los pueblos aledaños, le contó a toda persona con quien se cruzó que sólo el número 44 era todo lo que quería; llamó a la lotería, a sus filiales, a los loteros, y finalmente, por su tenacidad, consiguió todos los billetes del número 44. Lo más extraño de su conducta era ver transformada su cotidiana pasividad en un ciclón de energía, y lo más sorprendente aún, sabíamos que Tiberio jamás había comprado lotería.

¿Alguna premonición? ¿Un caso de videncia? ¿Una manifestación intuitiva? Tiberio irradiaba la seguridad de saber de antemano el número que resultaría premiado. Y lo recuerdo muy bien porque, sorpréndanse, Tiberio se ganó el premio mayor de la lotería, haciendo palidecer hasta la fortuna de mi mezquino tío, quién siempre se privó de todo para que no le faltara nada.

¿Qué y cómo ocurrió? Alguna razón imperiosa debió tener Tiberio. Y aquí viene, con sus palabras, su razón, que resulta ser una prueba contundente de la afirmación que argumento, según la cual la suerte siempre puede llegar a deducirse:

“Pues ya verán, patroncitos, que durante 7 días a yo soné con el número 7, y cuando me disperté, veí 7 por 7, y asina mismo me dijí: como 7 x 7 es 44, pues ojalá haiga de ese número”.

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