Las pepas para navegar entre las culturas juveniles

Las pepas para navegar entre las culturas juveniles

…en un contexto de velocidades

payasosParece absurdo hablar de Movimiento Estudiantil en nuestras cosméticas universidades. Hoy podemos hablar del movimiento de los jóvenes. Se mueven invadiendo y resignificando los espacios, sus tiempos, sus cuerpos. Nuevas formas de configurar lo público, lo social. Los jóvenes defienden la posibilidad de armar sus proyectos de vida personal y del parche. Todo es negociable, menos su libertad de elegir, de seleccionar en medio de la oferta, de expresarse.

Los estudiantes universitarios están en una búsqueda cultural y política de vital importancia para la época. Lo múltiple, lo diverso, lo complejo, ha configurado un mapa de escenarios, de mundos simbólicos desde donde se negocian las posibilidades de convivir y sobrevivir. Estas negociaciones, atravesadas inicialmente desde el cuerpo, hablan de política y de participación. El rumbiadero, la tienda de la esquina, el teatro, la Loma de la Cruz, la Gruta, la Tertulia, el Internet, y también la Universidad, son los nuevos territorios donde se pone en evidencia la búsqueda del Vacío. Como lo menciona Gilles Lipovestsky’: debemos darle un real valor a las formas de vida de los jóvenes, porque son el síntoma de una época que replantea los modelos tradicionales como se entendía la participación y la política.

Los jóvenes, no quieren saber de compromisos eternos. Ni de las instituciones serias que perduren. Pero desean, demuestran interés y motivación para la construcción de sus proyectos de tribu, sus proyectos individuales, sus imaginarios virtuales y fugaces. Y para completar el cuadro de las condiciones para una adecuada participación, estan recibiendo la mejor información que jamás otra generación haya recibido, a través de las redes que atrapan y seducen.

Los jóvenes defienden el derecho de construir las diferencias, en medio de las producciones en serie. El individualismo en su máxima expresión, busca el disfrute de vivir, de sentir, de dejarse seducir. Ese es el nuevo conocimiento, el del cuerpo, el de la intuición, el de las posibilidades de lo aleatorio, de lo fugaz, de lo indeterminado.

¿Se está dejando transformar la Universidad al ritmo de las dinámicas de las nuevas generaciones? Si lograra transformarse tan rápido, tendría que construir un SABER igual de liviano, de fugaz, de placentero como la lógica de vida de los jóvenes y la de los medios masivos. La Universidad estaría destinada a fortalecer el consumo, los estímulos sensoriales, las vulgarizaciones, las falsaciones. Es claro que la Universidad debe ayudar a formar el criterio de los estudiantes, para que esas nuevas formas de participación se den desde la autonomía y la libertad del individuo. Pero faltarían mayores esfuerzos para estudiar y entender, no sólo a los estudiantes, sino para orientar a toda una sociedad que no sabe como responder al mercado, a la rapidez de las nuevas tecnologías. Todo está por construirse de nuevo, incluso, la forma como amamos, pensamos, soñamos y participamos.

‘ Lipovetsky Gilles. La Era del Vacío. Anagrama Editores.
Barcelona 2000

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