El cuento de la comunicación: Un regaño sin contexto

El cuento de la comunicación: Un regaño sin contexto

comunicacionCuando me ofrecí para ayudar a escribir el clavitorial de esta edición, uno de nuestros asesores editoriales merecordó que “el tema editorial sigue siendo el cuento de la comunicación. Pero una comunicación contextualizada, histórica, proyectiva, respetuosa, equitativa, actual, democrática, inteligente.”

Además me decía que la idea o era terminar regañando a los lectores por su escalofriante quietud y “falta de exigencia y participación en los procesos comunicativos importantes para el país”. Ni tampoco a los productores de medios por tener encima su interés económico y desconocer las diferencias; mejor dicho, para agacharlos ante los dueños del balón. Para ello me proponía que el texto debería tener un aire como a coan, es decir, en sus palabras: “Una respuesta desde la sabiduría que no hable de cosas explicitas ni evidentes sino, que proyecte el pensamiento.” Algo así como el río limpio que recibe con gozo a sus bañistas pero que se enfurece en las tormentas…”.

Desistí en la idea de trabajar en el editorial. Me la he pasado, casi sin querer, regañando a todo el mundo en ms cartas y artículos de opinión. Además de sentirme aludido con la advertencia del regaño, tampoco se me podía perdir escribir un coan y menos en aquel tema: “El cuento de la comunicación”. Sería como dejarme tapar por los abrazos del limpio río a sabiendas de sus enfurecidas tormentas.

Medios como éstos se ufanan de alternativos y de generadores de opinión. Y no digo opinión pública por que suena demasiado masivo y no sería consecuente con los tres pelagallos que nos lee en la Javeriana y los otros cuatro desde el exterior por Internet. De todos modos la generación de opinión pública debe reivindicar su derecho de regañar. Así como los medios alternativos, también deben reivindicar su derecho y deber, a una comunicación contextualizada, histórica, proyectiva, respetuosa, equitativa, actual, democrática, inteligente. Contextualizada e histórica. El presente (completo e integrado) y el pasado (integro y verdadero). Imagínese hablar de contexto en un país descontento con su realidad. Los colombianos no tenemos ni idea de nuestro contexto. Sabemos que vivimos en un país donde o estar secuestrado es todavía un privilegio, pero no sabemos a qué le apuestan los secuestradores, los anti-secuestradores, ni las demás fuerzas legales e ilegales (legítimas e ilegítimas) que juegan a la guerra. El contexto es algo lejano para los campesinos que no logran vender sus cosechas, a menos que sea de coca o de amapola. Es algo lejano para los vendedores ambulantes que huyen de los bolsillos de los policías. Y es una palabra que no existe en el diccionario javeriano, pues ser javeriano es educarse fuera de contexto. Ahora, imagínese hablar de historia en un país sin memoria. Y mucho menos en una universidad donde la memoria esta dirigida por los Joint ventures, los Business plans y el empowerment, el target market y el Boston Consulting Group.

Si hay algo en el inconsciente colectivo colombiano es la capacidad de vivir en descontexto. No por falta de capacidad mental sino más bien por un estúpido exceso de adormecimiento mental. Tratar de llegar a entender el conflicto colombiano puede llegar a ser más complicado que capacitarse para desempeñar una profesión que permita la continua y aburrida supervivencia. La comunicación tiene no solo la capacidad sino la obligación de influir directamente en esa búsqueda de contexto. Pero la gente tiene también el derecho y la legitimidad para exigir a los medios lo contrario; es decir, lo Light, lo descomplicado. Es allí donde se crea lo bonito pero difícil reto para los comunicadores: influir en la formación de la conciencia ciudadana de una audiencia que le mama gallo a la realidad. Tendríamos que explorar por los lados de la creatividad. Pero pocos han asumido el reto de andar por esos caminos. La industria creativa termina siendo absorbida por los monstruos del mercadeo, quienes se rigen por sus millonarios reportes anuales de ventas. Para la muestra, botones como el Aserejé, la peruana Laura Bozzo, o para no ir tan lejos, los mompirris de Pedro el Escamoso bailando el piruliru.

Esperamos que el regaño no sea tan descontextualizado e irrespetuoso. Aunque habría pocos regaños respetuosos, pues el regaño es débil frente a los encantos del irrespeto. Pero más allá de ello, vale la pena seguir jugándosela por aceptar el reto de una comunicación creativa y con visión, aunque sea difícil no sucumbir a la seducción del descomplique y a debilidad de la pereza mental.

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