Cuando los cómics van al cine

Cuando los cómics van al cine

spidermanLos cómics generalmente manejan un discurso más crítico de la sociedad que otras expresiones y lo hacen desde una perspectiva alternativa de la realidad. Los exponentes más interesantes del género suelen desnudar con sus personajes la doble moral del establecimiento y de los poderosos y buscan lograr algún tipo de identificación entre los protagonistas y el lector. Es la reivindicación de las minorías frente a una sociedad excluyente y alienante.
Cuando son llevados al cine, los cómics amplían su influencia y público, trascendiendo las limitaciones del medio original y universalizando su propuesta. Muchas veces esta adaptación constituye un reconocimiento a la riqueza y profundidad de sus personajes, ya que deben ser lo suficientemente sólidos como para ser encarnados por actores de tal manera que logren un resultado creíble.

El poder de los cómics
Los cómics, al ser dibujados, pueden crear situaciones fantásticas con mayor facilidad que otros medios como el teatro, la televisión o los libros. Esto permite poner a sus personajes en situaciones atípicas donde se explora cómo cambia el comportamiento humano y hasta donde nuestra voluntad y las presiones del entorno pueden influir sobre nuestras decisiones.
Unos de los mitos más comunes referentes a los cómics es que están dirigidos únicamente al público infantil, cuando en realidad los más interesantes van dirigidos a jóvenes y adultos. De hecho constituyen un medio tan expresivo y poderoso que fue usado por Mao Ze Dong como medio de adoctrinamiento comunista en la China de 1940.
Aunque tendemos a pensar que los cómics son más importantes en el “American Empire” que en otra parte del mundo, la realidad es que aunque es un medio creado allá, es en Japón donde el género “manga” constituye el 40% de todo el material impreso en ese país, según Mr. Baxter de Rox35 Media Inc.
A pesar de haber comenzado como un producto más de la cultura pop, se han convertido en un medio de expresión artístico que ha logrado trascender la forma de pensar local para mostrar personajes universales, más complejos y humanos que la mayoría de los personajes de telenovelas y culebrones representados por actores de carne y sangre.

Los recuadros y los globitos llegan al cine
Quizá ésta sea la explicación a la gran aceptación que estas películas tienen entre el público joven, ya que éste no suele aceptar la realidad simplista en blanco y negro (si estás conmigo eres “patriota”, pero si no lo estás eres “terrorista”) que nos pintan los poderosos.
Uno de los aportes de los cómics a la expresión artística son la perspectiva múltiple y el suspenso. En el primero, una escena puede ser representada desde diferentes perspectivas simultáneamente, realzando la experiencia del lector. En el segundo, al tener que contar una historia por entregas, necesitaban manejar la acción de tal forma que el usuario quedara pendiente de la continuación que llegaría en la siguiente.
Algunas adaptaciones han querido trasladar algo del dramatismo propio del cómic a la pantalla grande: ¿Quién no recuerda al “Batman” barrigón de los 60s que repartía puños que se veían en la pantalla como letreros de “Pow!” y “Crash!”? Otro ejemplo más reciente es el “HULK” (2003) de Ang Lee que muestra varios cuadros en pantalla que ofrecen una visión mucho más completa que la tradicional.
Quizá la adaptación más descrestante de la perspectiva múltiple es la de “Matrix” (2000), donde cada escena fue diseñada primero como cómic antes de ser llevada al estudio. El resultado: Trinity dando una patada que puede verse en 360 grados; Neo evadiendo balazos cuya trayectoria puede verse en el aire; el agente White esquivando en la azotea todos los disparos de Neo sin moverse de cintura para abajo o el agente Smith golpeando a Neo con puños que dejan rastro a su paso.

Los personajes se roban la portada
Curiosamente, en las mejores versiones cinematográficas de cómics suelen ser los personajes de los “villanos” los que se vuelven inolvidables. Tal es el caso del “Big Boy Caprice” de Al Pacino en “Dick Tracy” (1990); el payaso infernal de John Leguizamo en “Spawn” (1997); el “Lex Lutor” de Gene Hackman en “Superman” (1978) o el espectacular “Green Goblin” del multifacético Willem Dafoe en “Spiderman” (2002). Aquí merece una mención especial el “Mr. Glass” de Samuel L. Jackson en “Unbreakable” (2000), película que, a pesar de no está basada en un cómic, esboza hasta qué punto una persona “real” puede identificarse con los personajes de los cómics llegando incluso a buscar la forma de convertirse en uno de ellos.
Esto puede ocurrir porque tanto los “héroes” como sus antagonistas son seres como nosotros, personas que dudan, que son críticas, que son perseguidas por una sociedad amorfa que no los comprende ni los acepta hasta que hagan parte de la masa obediente. Incluso cuando conocemos la historia del “Magneto” de “X-men” (2000) que lucha contra la segregación y la intolerancia no podemos evitar preguntarnos si de estar en su situación no haríamos lo mismo, así se trate del villano de la película.
Por supuesto, no siempre que un cómic es llevado al cine el resultado es color de rosa. Como lo comprobó Mao, ésta puede ser un arma efectiva para que los poderosos aceiten la maquinaria del sistema, o un negociazo a expensas de los incautos, como el que hicieron los productores de “DareDevil” (2003) con personajes caricaturescos (paradójicamente) sin la profundidad de los del cómic original, pero que recirculan los dólares de la sociedad de consumo.
Sin embargo, de vez en cuando realizadores como los hermanos Wachowski o Stan Lee traen propuestas que retan al espectador a decidir si asumen la angustia de pensar por sí mismos o si se someten al tranquilizador dictado de quienes buscan su propia conveniencia. Como siempre, es el espectador quien decide.

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