Desde el Limbo

Desde el Limbo

profesional_dummiesPara mí, la universidad fue mágica.
Tardó bastante tiempo en llegar a eso, porque en mis primeros semestres llegaba, veía y me iba. Nada de vida universitaria, nada de cultura, nada de nada. Estudio y punto. Con el tiempo, aprendí a disfrutar cosas en ese espacio. Empezó la música en los pasillos, los cuenteros, las rumbas, las visitas cada vez más frecuentes a la biblioteca e incluso un fugaz pero victorioso paso por el coro. Al menos para mí, claro. Alguien que considera sus aptitudes musicales perfectas para la ducha y en solitario, tiene derecho a sentir que fue victorioso. Los que se acuerden que lancen la primera piedra.
Ese paso por el coro no fue gratis. Yo estaba intentando descubrir mi lugar dentro de la Universidad. Mi salida del coro coincidió con mi salida del claustro. Entre otras cosas, estaba aburrido del cuento. Llamé a un amigo que empezaba con su empresa, le dije que me iba de la Universidad por un tiempo, y que no quería estar de vago. Antes había trabajado con él, haciendo trabajos pequeños. Entusiasmado, me dijo que sí. Arranca entonces otro periodo interesante. La vida laboral, atender la llamada de un cliente con una mano mientras con la otra se termina el programa que necesita, viajar de madrugada a Bogotá para volver tarde en la noche, los trasnochos a punta de pizza y cerveza, el cigarrillo y el café, el temor de un error, la satisfacción de ver tu trabajo en alguna empresa grande.
Como todo da vueltas, volví a la Universidad. Ahora, estoy en el limbo. Limbo entendido como la frontera borrosa entre la universidad y la vida laboral. Quiero pensar que tengo lo mejor de ambos medios. La frescura, las ganas de aprender, el método caótico de la universidad. La responsabilidad, la necesidad de avanzar, el caos metódico de la vida laboral. Siento que se complementan. Siento que estoy en un lugar privilegiado desde el cual veo algunos aspectos de lado y lado con preocupación.
La vida laboral tiende a ser monótona y poco retadora intelectualmente. Aunque he trabajado en una empresa que cambia constantemente, las necesidades obligan a mantener una constante que termina por cansar. Eso está bien para aquellos que solamente quieren sobrevivir. Para mí no. Yo quiero vivir, y eso implica una diversidad de retos. Desde el frente laboral, la universidad juega ese papel. Ella es la que me brinda el medio para hacer ejercicios intelectuales y culturales, la que me da acceso a las personas que saben del cuento y teorizan en él. Es en la universidad donde la parte formal aparece con todo su esplendor.
También es el lugar donde menos contacto hay con el exterior. La situación ha cambiado un poco, es cierto. Muchas carreras hacen trabajos de campo desde los primeros semestres, involucran al estudiante con su medio profesional y social desde temprano. Otras no. Al final de cada carrera, los estudiantes salen altamente preparados, pero sin experiencia. Fue un golpe bravo cuando al empezar mi vida laboral descubrí que una cosa es la responsabilidad de un parcial, y otra muy diferente es una póliza de cumplimiento que se firma para tranquilidad del cliente. Mientras que por un lado puedo perder la materia, por el otro puedo perder hasta la camisa.
No estoy diciendo que de la universidad salen todos laboralmente inútiles. Los hay, es cierto, pero eso no tiene que ver con la universidad. Un estudiante recién graduado no tiene la experiencia necesaria para lidiar con muchos problemas reales. Son demasiadas variables que nunca ha manejado. Como la experiencia es importante a la hora de buscar trabajo, el nuevo profesional está en desventaja. Entra la búsqueda de trabajo y su desgaste. Después el gasto de adquirir experiencia y demostrar que se puede. El caso preocupa más cuando la decisión es hacer empresa. Aquí la experiencia se obtiene a las patadas. Aunque existen muchos programas de apoyo a nuevos empresarios, la verdad es que la falta de experiencia sobre el medio laboral es una carga que deben soportar.
Soy (casi) ingeniero de sistemas. Como tal, creo firmemente que todo es susceptible de ser mejorado. Siendo así, imagino una universidad integrada con su sociedad, fomentando la interacción entre sus estudiantes y organizaciones externas. Proyectos con el Gobierno, la empresa privada y otras universidades. Una universidad que hace ciencia y hace progresar su región. Imagino unos estudiantes que valoran la formalidad de la academia, pero que saben cuando se necesita una dosis de caos sano. Estudiantes que aportan a su sociedad a través de trabajos en la universidad. Estudiantes que se involucran con el medio laboral desde los primeros semestres, para quienes la práctica no es un pañito de agua tibia sino la culminación de un proceso. Imagino que algunos, los más tesos, hacen empresa y siguen sus sueños de crear.
Recuperar el tejido social de un país no es fácil ni rápido. Por eso es bueno empezar pronto y por pasos. Como estudiantes, estamos en posición de dar los primeros pasos, para nuestro beneficio y el de aquellos que nos siguen. Desde el limbo en el que me encuentro les digo que se puede. Lo he visto y lo he vivido. Es difícil, concedo eso, pero somos seres humanos y estamos hechos para los retos. No les contaría todo esto si no lo creyera.
Así, la magia saldrá de la universidad.

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