Según el momento

Según el momento

Recuerdo que mi prestigioso colegio se llenó de traquetos cuando estudiaba bachillerato. En sus casas no era extraño encontrar arsenales, salas traídas del África, piscinas cuadridimensionales o pirámides egipcias. Cuando intentamos reunir a nuestros compañeros para celebrar años de graduados, fue imposible porque unos estaban en la cárcel y otros estaban llenos de hazañas de sangre y corrupción.
segun_momentoEstudiando en la universidad tuve una época en que fui vegetariano. Dejé de tomar Coca-Cola porque descubrí que es más honesto calmar la sed con jugos de frutas que en nuestro país se pudren porque no son viables económicamente. Hoy eventualmente como carne, sabiendo que miles de caleños se acuestan sin probarla.
También fui yoga, indigenista y agnóstico. Dejé los medicamentos occidentales, que son venenos fabricados en países civilizados con fórmulas de países atrasados. Preferí las hierbas y los baños. Dejé a los médicos por los Taitas que me decían “el origen de todas las enfermedades, son los afectos y los problemas del corazón”. En esta época prefiero acercarme a una galería y a mi mundo interior, antes de ir a una farmacia o a un consultorio.
Tuve mi época de ambientalista, y supe del daño que las vacas le hacen al mundo; compactan la tierra y para darnos una libra de carne, necesitan mucho pasto y tierra. Me di cuenta de que No “Protegemos por Naturaleza” y que preferimos un pino extranjero, a cualquiera de nuestras especies nativas. Ahora procuro bañarme acompañado y suelto el sanitario cada dos orinadas, angustiado por ensuciar el líquido que pronto escaseará.
En otra época descubrí mi cuerpo. Mis manos exploraron mis puntos de placer y descubrí que si quería podía tender los puentes entre el sexo y el amor; que generalmente vamos muy rápido y olvidamos la belleza en los instantes de intimidad. Pasé del placer que ofrecía mi mano, al goce del encuentro con otra persona. Hoy procuro buscar el erotismo en la comida, en la ciudad, en lo cotidiano.
Cansado de estrellarme con las injusticias y trágicas historias de nuestra gente, fui rebelde. Entendí por qué Jaime Garzón utilizó el humor para atacar la barbarie y el “sálvese quien pueda”. Hoy sé que todo lo que hago es político. Voto sabiendo que la pobreza crece y que al sentarme frente a un computador, le estoy rindiendo tributo al imperio y su tecnología.
¿Y quién no ha tenido su tiempo de la rumba? Esperar el fin de semana para dar inicio al ritual de bulla, luces, sudor, humo y baile. Hoy sé que para entender esta época hay que bailar antes que razonar, sin necesidad de las sustancias que alteran la conciencia.
También tuve una época en la que me inscribía en cursos, seminarios, diplomados y posgrados. Finalmente entendí que ser buen estudiante no tiene mucho que ver con ser buen profesional y que esto no tiene mucho que ver con ser buena persona. La sabiduría no es una mercancía.
Entre fogatas y morrales conocí media Colombia. Viajando entendía que lo que uno vive es una gran mentira; que es fácil pisotear la memoria y la propia sangre por física ignorancia. Hoy sé que los viajes que valen la pena, están por fuera de las agencias de turismo y que no hay que ir muy lejos para descubrir mundos y culturas exóticas.
Desencantado de los medios de incomunicación terminé siendo fotógrafo. Preferí inventar mis propias mentiras. Lo que hay que mirar está por dentro de uno y no en las pantallas. Todos vemos basura y pocos miramos lo esencial. Ahora no pago por ver, prefiero mirar…¡VE!
Hoy sé que vivo de forma irracional: escojo mis enfermedades, elijo al ladrón que me va a robar y ensucio el agua que más tarde tomaré. Le creemos más a los que repiten lo que leen y no a los que enseñan con la vida misma. Que a pesar de los avances tecnológicos, dependo de la energía fósil, la mas primitiva de todas. Al final sabremos que entre más bulla, más imágenes, más traquetos (narcotraficantes, guerrilleros o paracos) y más cuerpos, estaremos vulnerables a matar lo más sagrado de nuestra experiencia.

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