Clavitorial

El cuerpo “aquello que tiene extensión limitada, perceptible por los sentidos”, habrá de ser algo más que esta primera acepción del diccionario de la RAE. Si sólo podemos experimentar lo que es perceptible por los sentidos, las abstracciones también deben tener alguna forma tangible. Trátese de cualquier forma de vida, individual o colectiva, todos nos expresamos de algún modo: le damos cuerpo a las ideas.

Conceptos tan abstractos y relativos como la belleza toman forma física cuando lo hablamos, lo escribimos o lo actuamos. Cualquiera de los verbos que optemos por llevar a cabo, terminan materializando la artimaña de sensaciones que llevamos por dentro. Es muy cierto que todos tenemos una vocecita en la cabeza, que más allá de ser la conciencia, es la voz del cuerpo. Ella es una guía que en muchos está muda o que hemos callado por largo rato, y es, quizá, el motivo de nuestras enfermedades. La decisión de cuidar y aceptar nuestros cuerpo debe estar fundamentada bajo la idea de él como un espacio físico habitado por un ser crítico y pensante que se define y vive en sociedad, y no bajo la ciega aceptación de los dictados de la moda como medida de satisfacción de las necesidades del cuerpo y del espíritu.
A manera de ejemplo: las cuidades son el cuerpo de las sociedades. La sociedad es un concepto abstracto (intangible) que se manifiesta físicamente con la ciudad (tangible), la cual experimentamos a diario en bus, en carro o a pie; percibimos su forma, tamaño y color, no importa a través de qué medio, la estamos sintiendo y cada hueco, cada mendigo nos dice algo.
Sepa que no hay limitaciones conceptuales, sólo sociales, y que escucharse a sí mismo no es síntoma de locura, sino de identidad personal.

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