Alcanzar la autonomía

Alcanzar la autonomía

autonomiaPara comprender al ser humano dentro de un nivel colectivo, debemos separar al individuo y contemplarlo como uno solo, como ser autónomo. ¿Cómo interactúa consigo mismo? ¿Cambia cuando está acompañado? ¿Sacrifica sus ideas para no contrariar a los demás? Estos interrogantes quedan cortos ante la extensa naturaleza del joven y especialmente en la Cali contemporánea, donde la autonomía está determinada por la colectividad de valores ajenos. En los siguientes párrafos navegaré por los conceptos magistrales que hay de autonomía, al igual que la noción juvenil de éste y las cualidades fructíferas de llegar a ser autónomo.

Como fieles plagiadores de modelos capitalistas avanzados, olvidamos o nos hacemos los que no recordamos que alguna vez tuvimos raíces y tierras propias.

Para la Real Academia de la Lengua Española, autonomía significa “condición de quien, para ciertas cosas, no depende de nadie”. En mi búsqueda por saber un significado diferente de éste, me topé con aquella autonomía que nos reconoce el Estado y una Ley de la Juventud1 que se fundamenta en el “respeto a la autonomía de los jóvenes, el libre desarrollo de su personalidad y la garantía de sus derechos en general, así como el de su lucha por espacios reales de participación y construcción de su futuro de acuerdo a sus propias identidades”.

Son muchos los jóvenes que ignoran o desconocen sus derechos y deberes, y que no se les está robando sus años maravillosos si representan políticamente al país. Los concejos juveniles se crearon a petición de los mismos jóvenes, jóvenes pioneros que fueron autónomos y que no ocultaron sus ganas y miedos por mejorar a Colombia. En Cali, la autonomía política de los jóvenes es escasa, porque la autonomía que están tomando prestada no encierra lo más propio: la ciudad.

Como fieles plagiadores de modelos capitalistas avanzados, olvidamos o nos hacemos los que no recordamos que alguna vez tuvimos raíces y tierras propias, que nuestras calles nos unían y que caminar era un encuentro continuo con nosotros mismos en la ciudad. Ahora nos esmeramos por correr en medio de un orden ajeno, establecido por imágenes que consumen nuestros ojos y pensamientos inconclusos que a modo de ojeo llena los requerimientos de la levedad de una pluma. Es innecesario filtrar y ser selectivo con lo visto, mirado u observado, puesto que todo luce muy apetitoso. Ya no tenemos que buscar lo anhelado entre arbustos: sencillamente vamos a la ciudadela comercial y todas las voces guías estarán allí. Visualmente, y hasta en otras áreas, se puede deleitar la uniformidad en las prendas que tanto aborrecimos en época de colegio, pero que hoy día tiene como soporte el pretexto de la moda. Jesús Martín Barbero habla en sus Mediaciones Urbanas2 del centro comercial como un lugar plural y de encuentro entre las gentes. Alguien un tanto asocial lo traduciría como un lugar pluralizado con gente pluralizada, pero los que quieren ser autónomos lo ven como un pequeño reto para no dejar de ser lo que realmente son.

El concepto de autonomía sorprende a los jóvenes universitarios de Cali cuando se les interroga sobre dicho término. Algunos lo piensan un rato, otros me piden que les repita la pregunta y otros contestan sin vacilar. Autonomía según ellos es ser independiente, tomar decisiones propias y ser consecuente con los actos e inclusive adquirir responsabilidades. Respuestas muy sencillas e interesantes que la misma palabra independencia podría cobijar, pero la más acertada fue: “Ser uno mismo”.

Sin embargo, sus rostros tomaron un leve giro cuando se les preguntó: “¿Qué o cuál es la autonomía caleña?”. Hernán Rincón dice que es liviana y que realmente no se les culpa a los caleños por ello, porque la historia ha estado de su lado. Antonio Navarro habla de un olor que tiene Cali, indescriptible como casi todo perfume nostálgico. Los jóvenes caleños responden desde su experiencia y acertadamente afirman que todavía se está buscando o definiendo, que es muy ambigua y que la aceptación socioeconómica es un hincapié en la mente de muchos de ellos para crear su autonomía… ¿o la de otros?

Llegar a ser autónomo implica trascender las trivialidades mencionadas, pero pareciere que tal verbo se ha oxidado y envejecido. Cargar diariamente con una máscara forastera o un rol prestado no aligera el paso y menos la aceptación. Hay un principio infalible de la Psicología y del sentido más común existente que impone el bienestar holístico como deber y derecho del individuo para beneficiarse a sí mismo y al colectivo en última instancia: es el proceso de llegar a ser, aterrizar en territorio propio y acceder al hogar que cada joven posee.

Aunque más allá de ser uno mismo, la autonomía es ser capaz de ser uno mismo a pesar de todo.

1 Ley 375 de julio de 1997
2 Revista Sociedad No. 5. Buenos Aires. 1994.

Comments

comments