La invasión de los motorratones

La invasión de los motorratones

Es innegable que el desempleo es uno de los grandes males que aquejan a Colombia; más aún, es irrebatible que el colombiano es un personaje pujante y –cuando puede–, un trabajador

incansable. Muestra de esto son los ‘motorratones’, un sistema de transporte informal que ha sido durante los últimos tres años, un verdadero dolor de cabeza para algunas administraciones municipales como las de Cartago, Buga, Cartagena, Barranquilla y Tuluá, entre otras. En Palmira, el problema se ha hecho más intenso. Desde el año 2002, el transporte urbano tradicional de esta ciudad ha sido invadido por ejércitos de motocicletas.

Los motorratones:
En cada barrio de Palmira existe –y no es exageración–, una sede desde la cual operan los motorratones, que ofrecen diversos servicios. Algunos han mandado timbrar tarjetas, cuentan con secretaria, están dotados con teléfonos celulares y cargan con chalecos y cascos para que el pasajero (cliente) goce de la mayor seguridad, en la medida de lo posible, y así cumplir con la normatividad reglamentada por las autoridades de tránsito de la ciudad.
A ellos, es frecuente escucharlos reclamar por su derecho al trabajo y en varias ocasiones han bloqueado vías de la ciudad. Alegan negligencia por parte del gobierno en cuestiones de creación de empleos. Argumentan, entre otras cosas, que tienen derecho a la libre locomoción y a una movilización que redunde en beneficio de sus intereses económicos.

Los clientes:
Los que utilizan el servicio de moto-taxi dicen que los buses son muy demorados y no llegan a todos los barrios. Aseguran que las ventajas de utilizar el servicio de motorratones son, entre otras, la rapidez y la economía. “Los motorratones están siempre prestos a atender al llamado de los clientes y sus tarifas son muy bajas”, dijo una usuaria de este servicio. Los prefieren también por su eficiencia y cumplimiento para realizar pago de servicios, alquiler de películas, transporte escolar, compra de medicinas en droguerías, entre otros. Les gusta llamarlos porque prestan un servicio puerta a puerta y en algunos casos –si son clientes fijos– tienen la opción de pagar
quincenal o mensualmente, alternativas que no ofrecen los buses y colectivos.

Los que se oponen y el gremio de transportadores:
Algunos ciudadanos aseguran que se tata de un sistema de transporte muy inseguro porque los que conducen son jóvenes imprudentes; les atribuyen irresponsabilidad y falta de cordialidad, exceso de velocidad y violación de las normas de tránsito. Los conductores de buses de las empresas de transporte público arguyen que los motorratones tienen ventajas porque no cumplen horarios ni rutas. Afirman que ellos son causantes del incremento de los índices de accidentalidad en la ciudad, que las ganancias han disminuido notoriamente y que así, el negocio no es rentable para la empresa, los conductores, ni mucho menos para el propietario del bus. Algunos dueños de buses y colectivos han sacado de circulación sus carros para venderlos e invertir en otra cosa.

La Alcaldía Municipal y el Gobierno Nacional:
En Palmira los intentos por erradicar a los motorratones han fallado. Primero, se prohibió la circulación de motocicletas con parrillero hombre, después se impidió la mujer parrillera durante las llamadas horas pico. Hoy está vigente la prohibición de circulación de motocicletas con acompañantes hombres mayores de 12 años durante las 24 horas del día. Por otra parte, según fuentes consultadas por la revista SEMANA, en el Congreso avanza un proyecto de ley que busca reglamentar el ‘mototaxismo’. La iniciativa la tomó el representante a la Cámara Pedro Pardo, quien aseguró que “es una posibilidad para los reinsertados y para las personas de estratos 1 y 2 que están creando empresa y generando empleo”. Agrega: “es mejor que se reglamente ahora, antes de que llegue a las grandes ciudades”. Después de tener los puntos de vista expuestos aquí, falta preguntarse si los motorratones se constituyen como una salida al problema del
desempleo o si, por el contrario, con su aparición se fragua otro de los tantos problemas sociales que genera discrepancias y polémicas entre la ciudadanía y los gremios. En últimas, resulta ser otro tema a solucionar para la Alcaldía Municipal y el Gobierno Nacional.

Comments

comments