Julián Viáfara

Julián Viáfara

Hablando de ídolos, les contaré un poco acerca del mío. Pasado algún tiempo de verlo y verlo a través de la televisión, de buscarlo y buscarlo después de cada domingo en Internet, pretendiendo hallar de cerca sus mejores ángulos, ?perdón, sus mejores jugadas? ¡llegó frente a mí un día la OPORTUNIDAD!

Alcanzar una estrella, una estrella perdida confundida en el cielo

Mi función a partir de ese entonces era estar cerca suyo para capturar sus más valiosos momentos, congelando e inmortalizando en el tiempo sus triunfos, ¡nuestros triunfos! Su alegría, ¡la alegría de todos!

Hmmm… Vaya suerte la mía, bienaventurado el momento en que decidí dedicarme a la fotografía. Y ahí estaba yo, como dicen: en primera fila. Mi primer domingo en el Pascual, rumbo al camerino, con toda la intención de fotografiar a mi ÍDOLO de todos los tiempos, el excelentísimo arquero del Conjunto Escarlata, Julián Viáfara.

Tuve que atravesar por varios obstáculos (digo varios porque mi apariencia es de una joven que parece apenas empezar en el colegio). Nadie me creía cuando yo decía: “soy fulana-de-tal y vengo a tomar ciertas fotos, tengo a cargo la imagen del portal del equipo”. Fue entonces cuando los jefes de seguridad que se encontraban en los tornos, se miraron entre sí y volvían la mirada hacia mí como con una risita burlona. Pasados unos segundos me dijeron: “ah, ah, ah, no, no, no, noooooo, ‘niña’ usted no puede entrar, ¡¡ah, ah!!”.

Él arriba, yo abajo, la distancia la da el amor….

Ahí, se me fueron varios minutos tratando de resolver ese tema. Me mandaban de un lugar a otro, mientras desde las tribunas se escuchaba el furor, la adrenalina, lo apoteósico del momento, el clásico en el Pascual. Ya se avecinaba la salida del equipo al campo, la hinchada estaba lista, el juego pronto comenzaría, y mientras tanto yo me encontraba fuera como un hongo, recibiendo las risitas burlonas de estos tipos, y con un enorme deseo de estar allí dentro.

Finalmente, casi resignada, aburrida y malgeniada, ¡por fin lo había logrado! Ya estaba allí, en el campo de juego, con la emoción del alma preparándome para mi labor, cuando para sorpresa mía, el arbitro levantó los brazos, y sonó un pito…………… el pito que daba el aviso a que toda esta historia culminaría aquí.

Fue entonces cuando el mundo pareció venirse encima mío…..tanto esfuerzo y deseo, para lograr entrar al estadio y ya todo el juego había terminado. Me sentí diminuta en medio de ese gran lugar, había mucha gente por todos lados (periodistas, camarógrafos, directores, etc.). Las tribunas cantaban y gritaban muy alto, los jugadores venían uno a uno entrando y se dirigían a los camerinos, y yo no sabía ni para donde mirar, ni por donde caminar.

Cuando “Ay Dios mío”… al otro extremo del campo… ¡estaba éeeeeel!
YO que difícilmente y con algo de dolor puedo caminar, arranqué a correr como alma que lleva el diablo; eso sí, no sé ni cómo hice, pero logré llegar hasta él con mi pasito tún tún.

Muy agitada, con las fosas nasales dilatadas y casi sin poder hablar le grité “¡JULIAN, JULIAN!”. Entonces me miró y yo le dije: “¿me puedo tomar una foto con usted?”.

Él se acercó, me abrazó, yo me empiné y de ese día sólo me queda esta foto y esos buenos momentos en el corazón.

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