WebOnada versión 2.0

WebOnada versión 2.0

Imaginemos que un discurso de Chávez en YouTube sea el favorito de sus millones de usuarios. O que una denuncia de Human Rights Watch sobre abusos en China o Colombia recibe miles de comentarios indignados en contra. ¿Imposible? Pues como la nueva web 2.0 es una red basada en los aportes de los mismos usuarios, esto la hace especialmente vulnerable a la manipulación de organizaciones que están metiéndole la mano a las redes sociales como Facebook, Twitter o los blogs para influir en las tendencias. Lo grave es que si parece que la mayoría se inclina por una posición, muchos acabarán estando a favor por simple presión social (como pasó en el fenómeno de las pirámides), así que quien controle las tendencias podría acabar controlando también a la opinión pública.

Aunque la mayoría todavía no usa directamente Internet (78%), definitivamente los que sí influyen en las decisiones de los gobiernos y de las corporaciones viven metidos en la red. Cada vez más televidentes y lectores de grandes periódicos o revistas impresas prefieren recibir noticias, comentarios y, cómo no, chismes por Internet. Y como Obama fue quien mejor usó Facebook, Twitter y Youtube para hacer campaña, no extraña que se hubiera convertido en un fenómeno cultural mucho antes de ser el nuevo presidente gringo. Algo está cambiando si herramientas que se suponían sólo servían para chismosear influyeron de esa manera en unas elecciones donde hay intereses multimillonarios.

Estas redes sociales sirven tanto para propagar información (que algunas veces puede ser vil mentira pero que la gente la toma como cierta) como para organizarse alrededor de un fin común, como los comités para recaudar fondos para Obama. Y eso llenó de pánico al Partido Comunista Chino, responsable de que la Gran Muralla China ya no sea el famoso muro de ladrillo anti mongoles sino un cortafuegos (The Great FireWall) alérgico a la “peligrosa” libertad de expresión extranjera. Pero en 2005 dieron un paso más allá y crearon lo que se conoce como el ejército de 50 centavos, que son ‘tuiteros’ y blogueros contratados para que busquen en la red opiniones o noticias contrarias al gobierno chino y a los que les pagan US$0,50 por cada comentario o post que escriban para voltear la torta.

Esto es grave porque ahora las noticias que uno escoge leer suelen ser las de la sección de “más visitadas/más comentadas/más votadas” que es el caso de elespectador.com, o las más recomendadas por los usuarios que es el enfoque de digg.com. Entonces, si estos esquemas pueden ser manipulados, ya no sólo por gobiernos como el chino sino también por extremistas de todas las calañas, lo que era una bonita oportunidad de ver la democracia trabajando en línea se va para el carajo. Estas redes se verían obligadas a exigir que los usuarios dejen el anonimato (ahora cualquiera puede abrir allá una o más cuentas sin revelar su identidad real) o peor aún, vetar la participación de los lectores.

Así que ahora, más que nunca, hay que ser muy crítico con lo que parecen indicar las tendencias de los usuarios de esta web 2.0. Podrían no ser el aporte genuino de usuarios comunes, sino el trabajo de propaganda de grupos bien organizados que se aprovechan de la oportunidad que da la democracia de opinar anónimamente para tratar de controlarnos a todos.

Comments

comments