Editorial Edición 83: Aquí todo lo queremos gratis, el arte merece valor

Editorial Edición 83: Aquí todo lo queremos gratis, el arte merece valor

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Nuestro país es sin duda cuna de grandes manifestaciones artísticas y de una diversidad de personas con talentos excepcionales. Día tras día nos sentimos orgullosos de pertenecer a esta tierra, nos jactamos de nuestras ideas, de nuestras propuestas y de nuestra innovación, al punto que nos autodenominamos potencia en esta materia.

Por supuesto, todo esto es cierto, pero, ¿por qué ser artista en Colombia es tan difícil? Empezaremos diciendo que una de las mayores razones es porque la gran mayoría tenemos una idea errada de lo que es el arte. Creemos que quienes lo realizan lo hacen por puro desocupe o pasatiempo entre sus otras actividades “más serias”. Pensamos que lo que producen los artistas es algo meramente decorativo o de entretenimiento, a lo cual no le vemos una practicidad real a como lo que hacen los médicos o los abogados. No hemos entendido que el arte nos define como individuos y como sociedad, y que gracias a él tenemos una identidad, una historia y una mirada hacia el futuro.

Vamos a poner como ejemplo el rock. Todos decimos que nadie lo apoya, que es un género que está diluyéndose en la masificación de otros ritmos más comerciales como el reggaetón y nos quejamos por la poca difusión que tiene en los medios de comunicación. Pero cuando una banda de rock lanza un disco o intenta vender entradas para sus conciertos, muy poca gente le invierte dinero, porque aquí todo lo queremos gratis. A no ser que la banda sea extranjera, porque ahí sí hay dinero.

Nos aterramos de los precios de una boleta para eventos musicales como el Festival Estéreo Picnic, las presentaciones de Delirio, el Festival Iberoamericano de Teatro, pero no nos detenemos a considerar que detrás de ellos existe un trabajo técnico y humano que necesita y merece un pago. Nos acostumbramos a que toda la movida cultural debe ser “de cachete”, porque tenemos la falsa filosofía de que el arte es una cosa fácil y breve. Hacerlo requiere investigación, búsqueda e introspección del artista; algo que no se da de la noche a la mañana, por mucha inspiración que éste tenga.

Otra cosa que sucede es que los mismos artistas se encargan de entorpecer el mercado del arte, bien sea porque lo regalan o porque creen que ponerlo en el mercado destruirá su esencia. El Clavo cree fielmente que el camino es ser realista sin perder su identidad, por eso hay que hallar un equilibrio entre lo uno y lo otro para seguir construyendo cada año lo que nos gusta hacer.

¿Quieren que el arte no muera (de hambre) en el país? Bien, paguen por una escultura, no pidan regalada una pintura, compren la boleta del concierto y si pueden llévense un CD del artista en cuestión. Así la economía de la industria cultural se moverá a pasos agigantados y nuestros artistas podrán producir más y cada día superarse. Todos podemos vivir del arte, pero no del aire.

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