El hombre que se cagó en la bombonera

Ilustración: Fernando Yela

Dicen que tiembla; dicen que aturde; dicen que intimida; dicen que el fútbol allí no se juega sino que se siente. Y dicen también que quien no ve ni una después de 90 minutos, es un cagón. Pero Jhon Viafara, el mediocampista del Once Caldas héroe en Manizales por marcar el gol que sirvió para ganar la segunda copa Libertadores en la historia del fútbol colombiano se cagó; literalmente se cagó en la Bombonera.

Zancada  a zancada y cólico tras cólico Viafara se aproximó a la línea de la banda derecha y metió un freno similar a las gambetas de Asprilla en el Parma. Justo allí,  retrocedió en el tiempo y como en lo días de colegio, se paró frente al profesor  Montoya y con suma franqueza y algo de vergüenza argumentó: ¡Profe sácame o déjame ir al baño, estoy que me cago!

El campeón de la vida tenía  de nuevo en sus manos una difícil decisión. Él Profe llamó  a su asistente para pedir una segunda opinión. Panelo Valencia  escuchó atento la petición del jugador. Fracción de segundos; el partido seguía su curso. Viafara con las manos en la rodilla aguantaba con doble línea de 4 la embestida de su estomago.

Sin embargo y al igual que ocurre en el colegio cuando el profesor hace caso omiso a la petición del alumno por ir al fondo a la derecha, el cuerpo técnico del Once Caldas entregó una orden que, sin ser táctica, si sirvió para fortalecer la estrategia del equipo: ¡Cagate, pero ni por el hijueputa te sacó!

Viafara, el hombre que estaba dispuesto a darlo todo por su equipo y alcanzar la gloria, atendió al pie de la letra la orden del comando central. Bajo la velocidad y se alejo hacia el medio campo a tomar su lugar en la clásica figura 4-4-1-1 que utilizó el profe Montoya cuando actuó como visitante en los estadios de América.

El balón lo saco hacia las alturas Abondanzieri  desde su arco y mientras caía,   Viafara  aprovecho para dejar caer en su pantaloneta los restos de un almuerzo y una cena liviana. Para fortuna del mediocampista, esta vez el “blanco blanco” de Manizales había elegido ser “negro negro” en la Bombonera.

Sonó el silbato, tiro libre a favor de Boca Juniors; Henao se dispuso a armar la barrera y Palermo sintió por su larga nariz  la presencia de un nuevo jugador: el olor a mierda. Fue así como no aguantó más y  le preguntó a Esquiavi si había recogido algo extraño en los taches de sus guayos; revisaron y no había nada.  Vanegas, compañero de Viafara, mi buscaba el origen de aquel nauseabundo aroma; John en un acto de desahogo, le confesó todo: ¡Soy yo Vanegas, me cagué!

Pasaron 30  minutos más y a Viafara no le pesó la pantaloneta. Corrió y jugó como nunca. El árbitro miro su cronometro y decretó el final del primer tiempo. Jhon volvió a correr, esta vez, hacía las duchas para quitar de su cuerpo cualquier rastro del desgastante partido que su organismo había jugado. Desde ese día, el mediocampista pasó a la historia por ser el único jugador en el mundo que se cagó en la Bombonera.

2 Opiniones sobre El hombre que se cagó en la bombonera

  1. CESAR AUGUSTO LOPEZ GIRALDO

    Muy bien, así de fácil; y como hizo para que no lo sancionaran por este incidente?
    Este es el humor que necesitamos en este país donde las noticias siempre son malas.

  2. Sería bueno informarte… Palermo no jugó en esa final.

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