¿El huevo o la gallina?

¿El huevo o la gallina?

El uno dice que la violencia genera malestar social y la otra dice que el malestar social genera violencia y seguimos en la misma discusión bizantina de qué fue primero ¿el huevo o la gallina? Desde que llegaron los españoles tenemos un problema social en Colombia, aunque habría que preguntarse cómo se trataban los pueblos precolombinos entre ellos para saber si también por ahí había abusadores y abusados y, como la historia la cuenta quien la escribe, nunca sabremos a ciencia cierta si los de Tierradentro le daban en la cabeza a los de la cultura Agustiniana —que desaparecieron misteriosamente— o viceversa. Esto nos deja un gran bache en la historia porque de ambas poblaciones no nos quedan hoy en día más que los pocos Paeces y Guambianos del Cauca, productos de un mestizaje barbárico que reclaman derechos sobre sus tierras y, por más piedra y papabomba que lanzan, nadie les está poniendo mucha atención porque la atención sigue centrada en encontrar qué fue primero: ¿el huevo o la gallina? Paradójicamente, para que existan gobernantes de mano dura tienen que existir conflictos como los que tenemos en Colombia, de lo contrario nada los justificaría.
Ahora bien, al pueblo le encanta tener ídolos. Y cuando hablo de pueblo no me refiero al campesino azotado por la violencia y desplazado de sus tierras, me refiero a la gran masa colombiana sin distinción de clases porque aunque algunos se crean de muy buena familia y con tanto abolengo, a la hora de venerar ídolos de barro son igualititos al analfabeta que cultiva papa con las uñas: Ignorantes por acción o por omisión.
Y para allá es donde debemos apuntar, a la ignorancia sobre temas tan delicados como la Democracia que, aunque los más sabidos tienden a decir que es una utopía, los más zurdos y diestros intentan descrestar añadiéndole adverbios insulsos como “participativa” ó “representativa” y los más aviones intentan timar con referendos; el pueblo en general, de la clase social que sea, no tiene la menor idea de qué es, para qué sirve y cómo se defiende. Están convencidos de que un gobierno democrático es aquel que se elige por voto popular y se les olvida o no conocen todo lo demás que compone un Estado social y democrático de derecho.

De nuestro Estado Colombiano sólo vemos que cumple “en teoría” lo social y lo derecho, al tener una constitución que se reforma cada vez que al gobernante de turno le antoja y que contiene: un principio de constitucionalidad, una declaración de derechos de libertad, políticos y de prestación o de carácter social con garantías de diverso alcance y cláusula de igualdad y regulación de los procesos productivos. Pero lo democrático lo echó en el baúl del olvido registrado en un librito de lo más simpático en versión de bolsillo ya que, en la práctica: de pluralismo nada, de participación ciudadana menos y la soberanía popular ni idea con qué se come. Lo más triste de todo es que la ignorancia masiva de esto es lo que permite que cada gobernante haga con el país, con la Constitución Política y con el presupuesto, lo que le viene en gana y los ciudadanos como borregos ensimismados nos quedamos mirando la pantalla de la tele mascullando ideas que no expresamos convencidos de que cada vez que vamos a las urnas estamos haciendo valer nuestros derechos eligiendo al menos peor, al más carismático o al que promete un trocito de reino cual Mesías Salvador.

Por eso, la discusión bizantina debe tocarnos pero solamente para darnos cuenta de que nos meten los dedos a la boca porque nosotros lo permitimos. Como si descubrir qué fue primero nos solucionara el problema.
Ni el huevo ni la gallina nos van a dar de comer pero sí que nos embrutece el hambre.

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