El importaculismo del transporte público

El importaculismo del transporte público

Ilustración: Vanesa Muñoz

No soy dado a generalizar pero tengo que decir, con plena certeza,  que la mayoría de choferes de taxi y de bus manejan con un importaculismo colmado de colmo.

Son un gremio de tesón y ‘caspedad’; algo así como una mezcla entre el empeño de cualquier obrero entregado a su oficio y la caspedad de los políticos que no les quita un minuto de sueño saber que están perjudicando a todo el mundo.

Pido disculpas a aquellos conductores que sí saben comportarse, a ese 0.0001%; que les pasa como a los Colombianos buenos residentes en el exterior, que cargan la cruz de la mala fama debido al comportamiento del resto.

Soy consciente que ser conductor es una profesión dura, donde se llega al perder el pulso con la necesidad, como arañándole supervivencia a la vida. Sé que duermen poco; llegan molidos a la casa; el salario muchas veces no alcanza; a cada rato les toca manejar estando enguayabados –pobrecitos-. Pero todo esto es común para una mayoría de colombianos en cualquier trabajo. Conozco labores diferentes a la de chofer que el día a día les exige igual o más que a ellos, física y mentalmente, y no por ello dejan de ser personas, conscientes de la existencia del prójimo (Ej. Médicos de urgencias, obreros, operarios, carretilleros de a caballo, recicladores de a pie, y hasta mis compañeros de trabajo -a quienes el jefe los mantiene al rojo-).

Si usted está en un antejardín y levanta la mano, un taxista bien pueden llevarse por delante dos motos, un ciclista, subirse al andén, pasar por encima del cerco, de las flores, y de su mamá con tal de recogerlo;muy comedidos ¡¿Pero a qué costo hombre?!

Nadie me puede negar que estos conductoresparan donde les da la gana sin importar el tráfico del lugar; creen que las luces direccionales son un adorno navideño que sólo se enciende una vez al año;paran a conversar de taxi a taxi o de bus a bus bloqueando la totalidad de la vía en pleno trancón; se le atraviesan y cierran el paso a cualquiera; no piden un permiso de buena manera ni por molestar; cuando se les cede el paso creen que agradecer es sinónimo de extraterrestre; son siempre libres de culpa en cualquier accidente por más evidente que sea la verdad en su contra. Y como prueba latente de todo lo anterior, llevan en sus carros las cicatrices de su vandalismo.

El problema parece tener un trasfondo, la guerra del centavo. El verdadero infierno lo conforman los dueños de las empresas de transporte público y las autoridades de tránsito, quienes impulsan tal comportamiento y se hacen los de la vista gorda.

Ahí está el problema, la vista gorda debe adelgazar. Los dueños y autoridades del gremio deben ponerse la mano en el corazón y en la conciencia, e intentar enmendar  la actitud y el mal comportamiento entre los conductores. Mientras tanto, sería un logro importante ejercer la ley e imponer las sanciones.

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