El karma de la pareja ideal

El karma de la pareja ideal

Foto:Luis Gaviria - El Clavo

Una de las fuertes luchas de los defensores de Derechos Humanos en las últimas décadas ha sido contra las fobias de carácter social como la xenofobia, el racismo, la homofobia. Sin embargo existen una gran cantidad de prejuicios sociales que lejos de generar odios generan otro tipo de discriminación, burla, rechazo y hasta escarnio público.
Con mucha frecuencia escuchamos —especialmente en tono de chisme y cuento tanto femenino como masculino— frases como: “fulanito andará tras la plata para meterse con esa cuchibarbie…”, “lo peor no es que le dobla la edad sino el tamaño…”, “con tal de que a los hijos los bauticen en lugar de circuncidarlos…”, “no lo baja de papi delante de todo el mundo…”. Y así podríamos hacer una interminable lista de frases que censuran la conformación de parejas aparentemente disparejas.
Nuestra sociedad conserva una serie de prejuicios que van desde la edad, pasando por religión, aspecto físico y nivel educativo hasta llegar incluso a la inclinación política, porque no falta quien todavía se escandaliza viendo a Uribe y a Chávez tomarse de la mano y sonreírse coquetamente en las noticias de las siete. Esa pareja, por dispareja que parezca, puede llegar a funcionar… ¡si los dejan!
El caso es que conformar una pareja hoy en día es menos romántico que hace 30 años, pero tampoco puede convertirse en un acto estrictamente racional. Parejas disparejas han existido y seguirán existiendo en tanto nuestra sociedad continúe siendo mojigata, alimentando los estándares sociales que nos impusieron las doctrinas religiosas intolerantes y fundamentalistas, con las revistas light y los comerciales de televisión que sugieren una perfección estética al altísimo precio de sacrificar una posible vida plena en la compañía deseada.
Los grupos sociales ejercen una presión ilimitada en los individuos a la hora de escoger la media naranja. Comenzando por la familia, los compañeros de colegio y universidad y finalmente el estatus obtenido dentro del grupo de colegas a través de un empleo en la multinacional más apetecida; estos grupos sociales que conforman todo el mini-mundo del soltero en edad de merecer, son los que finalmente se encargan de señalarle cuál debe ser la pareja idónea para auto realizarse. Sin importar que no tengan nada en común y que, de ser libres para escoger buscarían una persona diametralmente opuesta, terminan emparejándose con la más conveniente de acuerdo con sus grupos de presión social.
No existe nada más alienante que lo que se conoce como “un matrimonio bien habido” y aunque existan algunas excepciones, la mayoría de ellos terminan en un divorcio traumático para todos y llevando al reciente desemparejado a buscarse una segunda pareja ahora sí totalmente dispareja que lo lleva al otro extremo para terminar nuevamente en divorcio añadiendo más eslabones a la interminable cadena de familias disfuncionales que conforman nuestra actual sociedad.
Cuando se trata de escoger con quién compartir la vida no se puede jugar al “tinmarín” como si estuviéramos en el colegio escogiendo a Pachito para nuestro equipo porque ése sí sabe meter goles. No importa que los demás digan hasta misa, el gordo Botija no corre casi nada, pero ¡hay qué ver cómo se goza un partido!
Afortunadamente la vida, a diferencia del fútbol, no consiste en meter goles y ganar sino en lo placentero de jugarla.

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