El ocio como acto creativo

El ocio como acto creativo

Desde tiempos de Upa y Matusalén nos hemos hurgado la nariz con terquedad, pero lo hemos hecho en la soledad de la vergüenza. Con recurrencia y costumbre el ocio se ha pormenorizado como un acto ameno, más lleno de vacío que de cualquier otra cuestión que satisfaga el minucio aristócrata con biblioteca llena de tomos, ha suscitado salpullido en hormigas, se lo ha respaldado desde la hamaca, al costeño le gusta, al cachaco le disgusta, recuerdo de pereza, enemigo de la temprana mañana, etcéteras y por la misma vía.

El ocio como acto creativo

Pero entre todo aquello y lo anterior nunca al ocio se le ha dado garantía y fe para una encomienda pomposa, por el contrario del trabajo no apura por jubilación alguna, fluye con naturalidad en por doquier humanos, pero se lo trata de esconder como al hijo poco iluminado, si bien de vez en cuando y de cuando en vez sale con alguna sorpresa nunca sospechada por algunas caras largas.

Dejando a un lado los motivos, atengámonos a defender al ocio con ironía y espada: propongo desde hoy y hasta que hallen el basural, que se le reconozca su estatus creador, su maravilla desconocida, su quinta esencia intuitiva, no más con la lata de desprestigio, no más cantaleta materna, los ejemplos de su capacidad reposan en todas las épocas, ¿Cómo se logra explicar el método y perfeccionamiento de caza de los homínidos? ¿De dónde salió la idea de gravedad, aunque sea metafórica? ¿Por qué Leonardo se lo considera el más grande pensador de la historia? ¿De dónde salió la matemática euclidiana? ¿Más?, sería ocioso.

Del zarzo y simpleza viene la respuesta, el homínido con su aparente carencia de capacidad racional apeló a su obstinación animal para de piedra en piedra matar el mamut con respingada lanza, ocioso; a Newton le vino por añadidura frutal, mientras ejercía acción de ocio (a falta de conjugación) debajo de un manzano, cayó la manzana y él naturalmente se dio cuenta que apenas se soltaba de la rama esta se aceleraba, ¿le parece poco? de ahí para allá respeto inmaculado, Échele lápiz, ocioso; respecto a Leonardo, nadie capaz de ser más ocioso, merodeaba por aquí por allá y…veía aves, caballos, insectos y de todo por no entrar en pelos y detalles, para hacer estrafalarios helicópteros, máquinas de guerra, tijeras y todo un stock de souvenirs, unos útiles otros por demás ortopédicos, por allí mismo gustaba del fetiche de “despeinar” cadáveres calientitos aun a bienestar de la ciencia, según él, y todos nosotros de acuerdo; por este lado sin reproches, le sacó buen jugo al morboso acto, aun hoy se utilizan sus cartillas ilustrativas en las facultades de medicina, para él un 10 en disección. Euclides se estaba bañando, tenía muy mala voz, estaba triste, miró el suelo embaldosado y salió su geometría, mentira lo de la voz, mentira lo de triste, cierto lo de embaldosado, la geometría euclidiana salió mientras un tipo se bañaba, curioso, pero eso me dijeron y yo creo en lo que me dicen…los libros.
Variados descubrimientos, invenciones y explicaciones han sido producto de la desfachatez de un pensamiento repentino, o por el metódico acto del ocioso riguroso, cosa cierta aun más, mientras con ociosa persistencia se intente explicar el destino de las explicaciones; “En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones. Una sola cosa inquieta este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural” . ¿Tiempo? Todo si se quiere.

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