El país de las maravillas y las mentiras

El país de las maravillas y las mentiras

Foto: Johanna Lora - EL CLAVO

Foto: Johanna Lora - EL CLAVO

Colombia es un país de diversidades, lo que pasa aquí no pasa en ningún otro lugar del mundo. Aquí somos capaces de afrontar la vida con berraquera y podemos ser felices con minidades a pesar de los malos ratos que a veces, o casi siempre, la patria nos hace pasar. En nuestra cara siempre hay una sonrisa dibujada y una carcajada que se toma el micrófono; situaciones que tienen la firma Colombia, contextos que nos identifican y es justo por eso que nos sentimos orgullosos de ser colombianos.

Cómo dejar de lado aquella inolvidable mujer de dieciséis años que llegó hace algún tiempo a un hospital alegando que estaba a punto de dar a luz a unos seis u ocho niños. Claro, la barriga convenció a los médicos y cómo no, a los medios de comunicación. Al menos un mes duró esta multi-mamá acostada en una cama negándose a los chequeos de rutina y a la infaltable ecografía, sin embargo, los buenos corazones de este país decidieron que a la mamá tocaba ayudarle. De todo armaron los medios de comunicación para hacer una ‘vaquita’ que pudiera ayudar a la nueva mamá a sostener a sus bebés, pero ¡Oh, sorpresa! Esa barriga resultó ser un timo, todo un vil engaño, pues la muchachita sólo quería amarrar al novio con una bolsa muy bien armada de trapos viejos.

O como la vez que en los Juegos Olímpicos de Moscú una de nuestras representaciones en pesas fue descalificada. La razón era válida y según el reglamento olímpico, correcta. Lo sancionaron porque preciso antes de la justa, cuando el pesista fue pesado, valga la redundancia, apareció que tenía más gramos que los estipulados para la categoría. Lo increíble del cuento es que el pesista tenía esos gramos de más pero porque antes de la competencia, el hombre ingirió todo un pollo entero que le hizo subir de peso. La representación colombiana en hombros de un hombre se desvaneció y todo por culpa de un pollo.

Y cómo olvidar que acá nuestras elecciones, no sólo políticas, sino en todos los ámbitos se basan en frases como “yo no vine acá a hacer amigos, yo vine a aprender” y así fue que un aspirante a estrella,  ganó un reality, para actores. Uno de los protagonistas de novela que no hemos podido ver protagonizar y que cuando medio lo hizo, los mismos que lo pusieron en la cima lo bajaron a tomatazos. “Perder es ganar un poco” y así va la selección Colombia, perdiendo partidos y ganando muchos abucheos.

El  “¡no se colee!”, el montarse a un bus por la puerta de atrás, el “pico botella” y el “tamal” a las seis de la mañana un domingo. El tomar salpicón y cholao en el parque y por supuesto chupar paleta. Porque en este país se chupa, se echa, se unta y se urga. Cargar todo en una chuspa, decir que el chico está chirriado y que se bandea solo. Decir que este país está jodido, que el Presidente no sirve y que el Congreso está lleno de ratas.

Sin embargo son más las razones para adorar esta tierra y sentirse orgulloso de ella, son esas situaciones singulares que sólo podrían pasar en la tierra del chontaduro y el borojó. Son más las cosas buenas que surgen de cada acción y de las manos de esos hombres y mujeres que sueñan con una sociedad mejor, que creen que todo puede cambiar si tan sólo se pone un poco de corazón. Colombia es el país de las posibilidades y las probabilidades, no hay imposibles, lo increíble sucede acá. Desde hacer de un helicóptero un museo ambulante hasta llamar a un plato típico ‘corrientazo’. Nada podría reemplazar a una tierra como ésta.

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