El que a hierro mata a hierro muere

El que a hierro mata a hierro muere

Foto: Cindy Muñoz

Dicen que Colombia tiene dos caras, una Colombia bella, de gente buena, honesta y trabajadora, que ha soportado con valentía la violencia y el dolor. Dolor que en los 80 la guerra entre dos bandos, causaría otra vez una profunda tristeza. Para nadie era un secreto que empezaba a surgir una nueva clase social que lamentablemente influiría en la cultura de Colombia.

Que manda decir el patrón que los espera en el sitio acostumbrado, que no se preocupen por nada que esta vez él invita” Esa noche varios hombres reunidos en una lujosa casa, yo no diría lujosa, ostentosa más bien, bebían whisky de la mejor marca, acompañado de frituras, caviar y mujeres hechas por ellos. Sillones de reluciente cuero, vasos de Baccarat, cigarros importados,aparatos lo último en comunicaciones y camajanes al lado de ellos, pendientes del más mínimo detalle. Ellos formaban la otra Colombia.

Entre risas y chistes, la rubia teñida, talla 4, cuenta cómo mataron a su esposo: “él era tan bueno, tenía su negocio de repuestos pero vos sabés… le debía mucha plata al Gorrión. Me quedé viuda de un momento a otro, la plata no me importaba, él era todo para mí, me golpeaba pero sólo cuando estaba borracho, ¿te acuerdas Yesenia cuando llegó una noche después de no saber de él en una semana y se orinó en la nevera? ¡Era tan lindo! Lo extraño tanto…una vez me obligó a hacerle… porque Dios mío era voraz en la cama. Mis hijos lo extrañan, claro que cuando supieron que tenían muchos hermanos les dolió porque vinieron a reclamar la herencia, yo sabía que tenía muchas amantes pero… ¿tantas?” La Pili le dice: “mamita, es que al que a hierro mata a hierro muere”. Sólo bastó una orden del dueño de la casa para decir:” todas ustedes salen de la sala”, había llegado la hora de hablar de negocios.

Una fuerte explosión se escuchó en pleno centro de Bogotá. Eran las tres de la mañana cuando el señor Rojas levantó el teléfono: “señor…hubo una explosión frente al almacén, todo se perdió”. El almacén de un hombre de 75 años quien había puesto su vida entera allí, un hombre honesto, un hombre bueno, buen padre, buen esposo, nunca se orinó en la nevera, sólo sabía brindar por los detalles que la vida le regalaba, sólo sabía trabajar. Encontró un hueco, un hueco lleno de escombros, salpicadura de pintura y pegamento, tomó una pala para tratar de limpiar el desastre que sus ojos llorosos estaban viendo, pero el verdadero desastre

lo tenía en su alma buena, en los corazones de sus vecinos que junto a él no creían lo que estaban viendo. Ellos no estaban tomando whisky ni cigarros importados, ni tenían mujeres 99-50-90 tenían un cuerpo ya cansado. Entre abrazos y lágrimas se despidieron de su cuadra, porque esta explosión los llevó a la muerte a unos, a la locura a otros.

Uno de ellos fue mi padre…

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