Elogio de un sábado

Elogio de un sábado

elogio de un sábado

Si no fuera por el sábado nadie aguantaría la semana. Si la vida fuera justa y el hombre sensato, la semana tendría cuatro sábados, dos viernes y un domingo.

 Los viernes por la tarde tienen su encanto. Se bebe las primeras polas con los compañeros de trabajo; con la satisfacción de la labor realizada, o los cocteles dos por uno de happy hour, mientras se pone el sol. A veces se prolongan hasta la madrugada. Bueno, en mi caso siempre se prolongan. Eso sí, para quienes trabajan el sábado la juerga se ve un poquito limitada o sufren las consecuencias de los excesos etílicos y del trasnocho.

 Los domingos son para levantarse tarde, para compartir en familia, para comer como indio y para descansar como costeño, en la cama o en mecedora. Hacer mucha actividad es pecado y puede ser perjudicial para la salud.

 Definitivamente el sábado es el rey de la semana. Es un día con licencia para alzarse la bata, con salvo conducto para portar una botella de aguardiente, con permiso para dar rienda suelta al animal que llevamos dentro. Se sacude el guayabo entre cervezas y se consolida la pasión del viernes.

El sábado las niñas tienen tiempo para arreglarse y engallarse. Es de shorts (chores en chibchombiano), minifalda o “bluyin apretao”. Tienen disposición para la aventura. Se visten como verdaderamente son. No como obliga el protocolo del trabajo. Hasta las más juiciosas o recatadas se quedan sin disculpa para no salir y terminan cediendo a la calentura del ambiente; sea que se arme paseo a finca desde las primeras horas del día o que se vaya cuajando por la tardecita.

 Es el día en que usted se atreve a invitar a una niña por primera vez. A quien le sacó el teléfono y no había llamado antes. Ella está con el instinto a flor de piel; tal como es y con la mejor disposición. Si no aguanta el sábado, no aguanta nunca. Y para las relaciones consolidadas, es el día de los enamorados. Llega uno a perderse en su propia ciudad. Es el día apropiado para conocer y experimentar nuevos “metederos” de música y beba.

En caso de amanecer incapacitado al otro día debido a los tragos tránsfugas, que lo abrazan a uno en la euforia de la noche para tirarlo en el abismo de la mañana, no pasa nada, es domingo –día de descanso obligatorio segúnla Biblia-.

Ahora, cuando el sábado coincide con pago de quincena, el resultado es la respuesta al sentido de la vida. Ahí si es cuando aparece Bacco o Dioniso tocando a la puerta para llevarlo a uno hasta los últimos rincones de la perdición. Eso sí, el sueldo se va como por entre un tubo y uno apenas viene a darse cuenta el domingo, entre botellas vacías y rezagos de ocio.

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