Esa platica se perdió

Esa platica se perdió

Ilustración: Pepa - EL CLAVO

Ida a cine $60.000, salida a rumbear $150.000, comida en restaurante play $120.000… un poquito de “amor”, sí tiene precio. Seamos realistas, hay amores que se compran, que se planean y que se consiguen a punta de detalles y actitudes que valen plata. Ser considerado un “divino” o un “sol” en muchas ocasiones tiene un valor económico. La llevada de flores, la invitación al concierto en localidad de VIP o la montada del combo tipo “MonsterGarage” que incluye tetas, cintura y nalgas sin olvidar la cera en el bigote, valen mucho. Que cualquier cosa es cariño y que lo que importa es el detalle, no aplican para conseguir “amor”, porque la idea es pagarlo por anticipado para poder exigir y pedir después. Ése es el amor prepago.

Muchas personas no hacen las cuentas de la plata que gastan sus nuevos amigos en los planes de fin de semana ($200.000, bajito, en los tres días) y muchas veces creen que todo se trata de unos buenos gestos de amistad desinteresada, pero lo más posible es que se trate de una persona abonando amor prepago, que obviamente inicia con una muy buena amistad, sin enseñar las garras y mucho menos el hambre, pero que luego se van adquiriendo los derechos fruto de las cuotas que se han ido abonando.

Para alcanzarlo no hace falta parecerse a Beckham, tener la voz de George Clooney o el cuerpo de Brad Pitt, sólo se necesita de billete y claridad de lo que se está haciendo, para no involucrar los sentimientos. El concepto viene de influencias como los cantantes de reggaeton, que son unos tipos horribles, con ropa que parece prestada, generalmente gordos y mal hablados 1. Y claro, uno los ve con unas viejotas que seguramente andan con ellos por su personalidad y refinado gusto. También el amor prepago ha sido reforzado por la abundancia de personajes femeninos que acompañan a los narcos, reconocidas como las PDT (Polvo De Traqueto). Es así como nos damos cuenta de que el amor prepago tiene el hábitat perfecto en nuestra sociedad y que tal vez el escandalizarnos por explicitar el tema con crudeza es muestra de una doble moral típica de nuestro país.

Sin embargo, el amor prepago no se parece a los ejemplos anteriores, es mucho más sutil y sólo lo identificamos cuando aquella persona que fue tan especial con nosotros se va. Entonces nos empiezan a hacer falta el carro, las invitadas a rumbear, las comidas por fuera, los gusticos, sin pensar en si eran caros o no. Ahí es cuando lo sentimos y nos causa dificultad dejarlo. Es que subir de estrato es muy agradable pero bajar de un momento a otro es como para pegarse un tiro.

Es complicado saber si esto del amor prepago es cosa de costumbre o como todo amor, no tiene explicación. No se trata de un caso que sólo le sucede a la gente interesada, play, metalizada, plástica o como se le quiera llamar. Es típico en relaciones en las que hay una diferencia significativa de edad, cuando la otra persona tiene independencia y vive sola. La costumbre de poder vivir prácticamente como marido y mujer a una temprana edad, sin límites aparentes. También se ve mucho en gente que nunca ha tenido plata y apenas tienen un sueldo decente se endeudan y creen que la sacaron del estadio.

El billete como tal no puede comprar la felicidad, pero hace mucho más llevadera la vida de pareja de aquel que desea prepagar/invertir en un “amor”. Sobre todo en una sociedad donde los jóvenes trabajan para rumbear, beber y comprar un carro, es difícil no caer en conquistar a una persona a punta de gastar. De hecho, el consumo es un código de convivencia que cada vez es más vigente para todos y es difícil no encajar de alguna forma, en un molde cada vez más popular y obligado.

1.Basado en los pésimos y paupérrimos videos “musicales” de reggaeton.

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