Espejos de la virtud y de la perversión

Espejos de la virtud y de la perversión

Ilustración: Ernesto Ortiz - EL CLAVO

Pasó que en un pequeño pueblo bastante católico, empezaron a  imprimir secretamente un librillo que conmocionó profundamente a sus pobladores. Filosofía en el Tocador y otros relatos era el título de este peculiar libro, que tenía por autor a un tal Marqués de Sade y cuyo contenido inmoral puso en grave peligro el poderío eclesiástico y gubernamental.

El volumen original fue robado misteriosamente de la biblioteca del párroco del pueblo, luego copiado y publicado en la más absoluta reserva, pero no por ello dejó de llegar, rápidamente,  a la mayoría de las personas.

Lentamente, con la repetida lectura del hipnotizante libro, la conducta de los pobladores fue cambiando. Sus vicios y sus perversiones ocuparon el lugar de sus virtudes. La sodomía, el sadomasoquismo y el libertinaje, fueron desplazando el recato y el pudor. Las mujeres se volvieron insaciables, los hombres impíos y casi todos perdieron los escrúpulos que el catolicismo les había inculcado.

Lo irónico del asunto, es que aquellos que habían sido alguna vez depravados y desmesurados, vieron su espejo en la naciente cultura y la rechazaron rotundamente. Dentro de estos figuraban el clero y algunos otros personajes, que siempre dieron la impresión de ser impecables. Desde el momento del cambio, estos olvidaron sus pervertidos hábitos y se convirtieron en auténticos (antes eran hipócritas) defensores de la religión, esto es, de la pureza espiritual.

En un principio intentaron aplacar la súbita peste libidinosa y libertaria con efervescentes  discursos sobre la decadencia y el juicio final. Luego trataron usando la fuerza con las autoridades del pueblo pero éstas estaban corrompidas. Desearon reanimar la Inquisición, las supersticiones de otros tiempos y no lo lograron. ¡Las mayorías amaban su nueva condición natural!

Pensaron que la perdición era inminente y que las medidas a tomar debían ser radicales, así que decidieron arrasar con el pueblo.

La versión que más convenció a la gente de los pueblos aledaños es la de que Dios, en su magnificencia y puro sentido de la justicia, aniquiló a todos los perdidos habitantes del pueblo libertino. No supieron nunca realmente como llamarlo: si Sodoma o Gomorra.

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