Excursión de 11

Excursión de 11

Ilustración: Vanesa Muñoz

La emoción lo embarga a uno, los preparativos se acercan, que aliste la pantacha, que la playa está al pepo, que papito cuidado con irse a asolear mucho que se quema y se descaracha la piel, que mucho cuidadito le digo con irse a portal mal, que si saca buenas notas lo mando, que cómo que se va a San Andrés con los amigos, qué es esa vagabundería…

La excursión de 11 es clave en la vida de los que están para graduarse del colegio. Si se es de colegio masculino o femenino, es la oportunidad esencial para salir a deleitar la pupila y levantar pareja, si se es de colegio mixto pues para afirmar relaciones, terminar noviazgo o cuajar entuques.Si no se ha bebido se bebe, si se ha bebido se goza, si no se sabe bailar se aprende, y si se sabe pues la tirada de paso es asombrosa.

La excursión marca un primer paso de lo que bien se podría llamar preindependencia juvenil, conseguida tiempo después en la universidad en la mayoría de los casos. Pero no nos adelantemos. Estamos en la excursión, usualmente ejecutada después de presentar elIcfes y antes del grado, donde salones de 40 estudiantes se toman por asalto los cuartos de los hoteles, donde en cuartos de 2 camas duermen la rasca 15 personas, donde en restaurantes hordas hambrientas de pelaítos y pelaítas arrasan cuales langostas africanas lo que se les ponga por delante, donde los ríos de licor fluyen y los sobrios se meten resacas monumentales.

Es un viaje que nadie en grado 11 debería perderse, sea que se haga en San Andrés, República Dominicana, Cartagena o Juanchaco. Es la oportunidad de vislumbrar las mieles de la vida adulta, del goce, la rumba y las propias decisiones, que buenas o malas, forjan el carácter y edifican al ser. Se disfrutan tanto las cosas buenas como las malas, se aprende a sobrevivir con lo que se tiene a la mano cuando se acaban los fondos, se toma ese color dorado tan intenso que deleita la pupila, aunque a veces lo que se recibe es un rojo camarón o un amarillo pollo crudo aliñado dependiendo de la piel. El caso es que es un viaje que perdura en las memorias de los que lo viven y en las fotos y vídeos de quienes lo inmortalizan, quedan gratos recuerdos y otros bastante embarazosos de acciones, indiscreciones y omisiones que hacen las delicias de aquellos que tienen la fortuna de protagonizar tan cinematográfico evento.

El ver un amanecer en la playa con los amigos en la excursión de once, sea sobrio o ebrio, es algo único e irrepetible, es de esas experiencias amenas que perduran en las tradiciones orales del clan estudiantil, que si se comparte en pareja afianza los lazos de lo que se tenga en el momento, sea romance incipiente, entuque patente o noviazgo certificado.  No hablo mucho de los estragos y tropeles que suceden pues no son constantes en los paseos. Lo que sucede es que hay personajesque no saben comportarse en sociedad (pobrecitos) y claro, se desatan cuando están solos.Pero haciendo a un lado a estos ramplones sujetos, la excursión de 11 es una grata experiencia que se debe vivir, en la medida de las posibilidades.

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