Fatalismo

Fatalismo

Fotografía: Eliana Roldán - EL CLAVO

Fue por un email que supe del tercer secreto de Fátima. Dice que un hombre en una posición muy alta sabrá que vendrá un castigo cuando se esté hablando de paz, y causará la guerra. Un gran ejército arrasará Europa y la guerra nuclear comenzará. La oscuridad caerá sobre la Tierra durante 72 horas. Apenas una tercera parte de la humanidad sobrevivirá a estas 72 horas de oscuridad y terror y comenzarán a vivir en una era nueva las personas buenas. En una noche muy fría, 10 minutos antes de la medianoche, un terremoto sacudirá la Tierra durante 8 horas. Esta será la tercera señal de que Dios es quien gobierna la Tierra. Y remata diciendo que “la palabra de Dios no es una amenaza, sino una buena noticia”.

Perdónenme todos (Incluyendo al de arriba [Léase Dios, Yavé, Alá, Krishna, Buda, Auhra Mazda, Odín, o simplemente El Viejo, como lo llamaba Einstein]) si sueno blasfemo o hereje en esta reflexión, pero ¿de cuándo acá es buena noticia que el que nos creó vaya a permitir una guerra nuclear que extermine a las tres cuartas partes de la humanidad?

Resulta curioso que, mirando atrás, aparezcan cientos de profecías según las cuales el mundo se va a acabar en determinado momento. Cuando yo estaba estudiando en el colegio vine a conocer una de esas predicciones. De hecho, el mundo se iba a acabar ese día, a las tres de la tarde. Llegué a mi casa media hora antes del instante fijado como el fin, me dormí, y al despertar vi que hacía cinco horas se había acabado el mundo.

Otra profecía venía del código secreto de la Biblia. Según ésta, la tercera guerra mundial iniciaría en Israel, a finales del 2003. Al año siguiente, a alguien se le ocurrió decir que en el 2006 nos caería un rocazo proveniente del espacio exterior. Todavía estamos esperando a que nos lluevan ojivas nucleares desde Oriente medio, o que el cielo se descuide y deje caer algunos trozos de roca. Y ahora, gracias al cine, tenemos que esperar que el mundo se vaya por el sanitario el próximo año, más concretamente el 12 de Diciembre.

Habida cuenta de esto, uno se preguntaría por qué siguen apareciendo mitos y profecías antiguas de carácter y contenido escatológico. No esperen que les dé la respuesta que es. Les daré, en cambio, mi propia opinión. Siguen apareciendo mitos y profecías que anuncian el fin del mundo, porque ese es un negocio rentable.

Pocas cosas producen tanto dinero como la explotación de nuestros miedos más primitivos, y el fin del mundo es un temor que todos compartimos, independientemente de la religión o creencia que profesemos. Y si no es así, ¿por qué las máscaras antigás se pusieron tan de moda durante la segunda guerra del golfo? Porque pensábamos que los gases, armas químicas y demás porquerías de los misiles Scud iban a alcanzarnos, aún a despecho de estar a ocho mil millas. Hasta los periódicos amarillistas se deleitaron diciendo que nuestras ciudades se preparaban para la guerra. ¿Y ocurrió algo? ¿Hubo lluvia amarilla sobre nuestros campos? ¿Acaso alguien sufrió los estragos del gas mostaza? Por supuesto que no.

De modo que déjenme decirles esto: Cuando el mundo se acabe, si es que de verdad se va a acabar, todos vamos a estar demasiado ocupados como para darnos cuenta. Y siguiendo esa línea de razonamiento, ¿quién sabe si ya ocurrió?

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