Gracias por la cabalgata

Gracias por la cabalgata

Ilustración: Yair "Yamore" Moreno

Ilustración: Yair "Yamore" Moreno

Qué bueno que a Cali llegó un alcalde que quiere que todo vuelva a ser como antes y tiene interés en volver a realizar la cabalgata. ¿Qué iba a hacer sin tener a dónde ponerme mi sombrero de cowboy? Pero ya no me preocuparé más, las espuelas y el perrero no las tendré que dejar empolvadas en el clóset.

Ahora sí van a ver los del parche lo buena que está la vieja con la que ando, y no tendré que cancelarle la cita a la hembrita para el mantenimiento de sus teticas. Me voy a ver con los parceros del norte con los que hace rato no nos tomamos unos guaros. Ah, y el güisqui que tengo guardado especialmente para que nos lo tomemos cabalgando, que así es que es una chimba. Eso sí, este año a la bestia sólo le doy güisqui porque ese caballo flojo de la otra vez se jodió con ese guaro. Y yo que estaba pensando que el par de milloncitos del alquiler de la bestia los iba a tener que botar en los damnificados por el invierno.

Ya mismo me pongo a brillar el ‘fierrito’, por si se necesita, no vaya a ser que toque bolear como el año pasado en Medallo. Afortunadamente esos manes estaban muy borrachos para apuntar bien, si no, yo también hubiera quedado entre los tres muñecos. Además para que todos esos pendejitos que lo ven a uno no vayan a pensar que uno sigue siendo como ellos. Aunque pero pa’ qué, qué chimba que la pasábamos cuando con el parche veíamos la cabalgata y le tirábamos espuma a los de los caballos. Todavía tengo por ahí unas bombitas de las que llenábamos con orina. Era muy bueno ver cómo se caían cuando les chuzábamos las patas a las bestias. En esas épocas nos divertíamos mucho viendo como salían las señoras emberracadas a darles gallina a los jinetes porque les habían dañado el jardín con el caballo, cuando los mancitos sólo estaban intentando pegarse una miadita en la esquina de la casa. La máxima fue cuando el man en la mitad de la joda de la señora se le vomitó en los pies. O mejor la vez que otro sacó el perrero y le metió un fuetazo a la vieja esa, hasta allí le llegó la joda y salió corriendo a encerrarse en la casa.

Uh, pero este año sí voy a aprovechar los macheticos que salen. Esas bestias que se tumban las dejan bien baraticas, igual, sólo las quieren para ponerlas a cargar carretillas. En la costa sí que me levanté unos buenos caballos, porque allá sí que son unas avispas, caballo que dé papaya, ¡tanh!, se lo bajan. Y si no, bajan al man braviado que, ¡qué hijuemadre!, la oportunidad no la van a perder. Al fin y al cabo sólo es una vez al año que se da ese papayazo.

Lástima que la cosa se calentó mucho por allá porque los costeños no visajean tanto con las burrotecas que son una chimba. Acá ya la montan mucho con el cuentico que a los caballos les molestan los sonidos fuertes. Pero eso sí, este año le pongo las alforjas al caballo con un buen par de parlantes, ¡les meto el gol porque se los meto! Y ahí que me venga a aletear un tombito, lo levanto como hicimos con el que se las picó de mucho General en Risaralda la otra vez.

Ahora mínimo comienzan esos grupos de liberación animal a dar lora, ¡qué pereza. Ya me parece escucharlos diciendo “que los animales los maltratan desde antes de iniciar la cabalgata”, “que son mal transportados”, como si a una bestia le importara el tipo de camión o que los llevan ensillados, si pa` eso es que están. Se ponen a lloriquear porque están pelados o raspados; las bestias tienen que ser berracas, que aguanten, si no, no sirven.

Ojalá no logren que esas marchas sean grandes, ni que la gente se ponga a escribir cartas porque si no, nos vuelven a joder la rumbita como el año pasado. Pero qué va, el parcero de CORFECALI es una chimba, y ése no se va dejar quitar la vuelta.
Saben qué, ¡qué viva la cabalgata carajo!

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