¡Hay un son en la transmisión!

Canciones de novela

“Se dice de mí, se dice que soy fea…”

Yo Soy Betty La Fea: Intentar cantarla es como intentar cantar Chop Suey, una agonía que, de hacerse en público, se laceraría en lo más profundo el auto respeto. Siempre que queríamos cantar esta canción se nos trababa la lengua o nos faltaba el aire tratando de imitar a Yolanda Rayo. Detrás de una gran producción hay una excelente musicalización y Betty la Fea lo confirma. El tema es un tango gracioso y meloso, que contrasta con una letra en rima que abrevia con inteligencia la trama del drama.

“¿Quién es ese hombre que me mira y me desnuda? …”

Pasión De Gavilanes: No lo nieguen jovencitos millenial. A todos nos encantaba el flujo de desdicha y tragedia que padecían estos vaqueros heteroflexibles de Boyacá. La canción, terrible fuente de penas del pasado en el presente, la interpretó Ángela María Forero, una señorita que, aunque infame, es muy talentosa. O ni tan infame, la banda sonora de la novela fue durante seis semanas la más vendida en Colombia y estuvo de moda impulsando el comercio informal unos años más.

“Pirulín pin pon la única camisa y el único pantalón…”

Pedro El Escamoso: Originalmente compuesta por los Golden Boys, que gozaron de sus regalías 36 años después de grabada, cuando Miguel Varoni y sus “gatas” en el papel de Pedro el Escamoso la catapultaron a la fama pasajera. “Pirulino” estuvo dos años en el podio y el rifi-rafe de la radio. Sonó empalagosamente hasta el olvido inevitable. Fue una inteligente decisión de los directores, establecerla como el emblema sonoro de un personaje memorable que representaba, los valores encantadores de nuestra gigante clase media.

“Te tengo enamorada mi diosa coronada, te tengo, te tengo alineada y balanceada…”

Los Reyes: La relación con la musa que inspiró esta canción era de esos amores no convencionales, que rayan en el exotismo de las fantasías del pueblo raso. El poema musical de amor proletario, fue más célebre que la canción principal y no le faltaba chispa. Los creativos se encargaron de producir un jingle de mucha recordación para todas las edades, al ritmo de un infante reggeton en las épocas de Déjale caer to´el peso.

“Necesito que me pegues, que me insultes que no dejes, ni un minuto de tratarme siempre mal…”

Hasta Que La Plata Nos Separe: Sadomasoquismo puro en el Prime Time. A Méndez como a algunos erótico-experimentados le gustaba era el maltrato. Es tal vez el mejor tipo que ha parido la televisión colombiana, un santo de los que ponen la otra mejilla y amor ideal para toda ama de casa. Por esa razón, todos sufrimos con él y cantamos despechados “Tu amor es un castigo” de Walter Martínez, un bolero de la resignación muy cercano a la realidad de cualquiera.

 

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