#HistoriasDeUltraTumba: El problema de Betty Villamizar,  La secretaria asesina.

#HistoriasDeUltraTumba: El problema de Betty Villamizar, La secretaria asesina.

Ilustración por Colectivo Guácala

Ilustración por Colectivo Guácala

El problema no es que Betty Villamizar deteste su trabajo de secretaria en una empresa de transporte de carga. Ni tampoco que ésta quede en uno de los peores sitios de la ciudad. A Betty, en realidad, no le inquieta tanto la inseguridad del barrio, ni siquiera el mal carácter de su jefe. Hasta al momento, el bastardo no le ha dicho ninguna grosería, sin embargo, hay muchas maneras de hacer sentir a los demás como un trapo sucio, ¿o no? Cada vez que ella se demora en una tarea o no le entiende una orden, él hace una de esas caras de como que “estoy con una inepta”. Si por ella fuese, le cortaría la garganta con el bisturí que usa para abrir los paquetes. En fin… ¡ya lo hizo! Betty no sale de su asombro por lo fácil que fue degollarlo. Todo empezó cuando, de buenas a primeras, su jefe le encomendó una revisión de los manifiestos de la última semana. Esto le llevó más tiempo de su horario habitual de trabajo. Era una situación “normal” a decir verdad y ya estaba acostumbrada a trabajar horas extras y sin remuneración. Pero no hoy, no en esta noche. Es viernes y su nuevo amigo, o mejor dicho su futuro novio (apenas sale con él desde hace diez días), la recoge a la salida. Lo conoció cuando éste fue a la empresa a ofrecer un plan de telefonía móvil.

 

Ahora ella se encuentra dentro del carro de su futuro novio. Lo espera. Él fue a comprarle una hamburguesa. ¡Tan tierno! Betty vuelve a revisar el bisturí que guardó en su bolso. ¡Como si le hubiese a salir patitas! Y recuerda que su jefe, ante la insistidera de ella por salir temprano, cometió el error de decir unas palabras que fueron las últimas:

 

─ ¡Nadie se enamora de una perdedora!

 

¡Grave error! Todos tenemos un límite, ¿cierto? Betty, ahora, le demostrará al muy bastardo de su jefe que siempre estuvo equivocado en esta ocasión y en las demás. Le dirá la verdad a su futuro novio y él (Betty lo sabe) le ayudará, porque la ama. Será “la prueba de amor”: si él la ayuda, ella lo amará para toda la vida; si no, le cortará el cuello y punto. Pero tal situación no es el problema de Betty Villamizar.

 

Él llega y le pasa una hamburguesa con jugo de guanábana en agua.

 

Betty bebe un sorbo y deja tanto el vaso como la hamburguesa a un lado.

 

─ ¿No vas a comer? ─pregunta él y le da un mordisco a su hamburguesa─: ¡Está sabrosa!

 

─ Sí, pero antes quiero decirte algo.

 

Betty introduce la mano en el bolso y agarra el bisturí con firmeza.

 

─ Sí, ¿dime? ─quiere saber él.

 

Betty mira alrededor. El sitio se encuentra medio iluminado y el puesto de comidas está a media cuadra. Sí, puede asesinarlo sin que nadie se dé cuenta; pero tiene que ser rápida y certera.

 

─ ¿Y bien, Betty? ¿Qué quieres decirme? ─pregunta él, bebiendo un sorbo de su jugo.

 

Betty le cuenta todo lo sucedido y le confiesa que lo ama.

 

Él deja de comer.

 

Betty lo mira y él también lo hace.

 

─No puedo quererte… ─dice él.

 

Betty queda consternada, abre los ojos llena de odio y, antes de que saque el bisturí, él le dice:

 

─Porque odio a los seres humanos.

 

El problema de Betty Villamizar es que a su nuevo amigo, a su supuesto futuro novio, le sale de la boca un tentáculo que le atraviesa a ella el pecho y le destroza el corazón.

 

Escrito por Diego Darío López

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