II Festival Internacional de Blues Suburbia

II Festival Internacional de Blues Suburbia

El blues está asociado con la miseria y la opresión. Con exactitud, su objetivo no parece ser otro sino la expresión de la tristeza. Y no es para menos, pues su origen está atado con cadenas a las duras condiciones en las que vivían los afroamericanos a principios del siglo XX en los Estados Unidos y a su pasado esclavo, guardando también la memoria de África.

Con la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos no cesaron los motivos para la tristeza; tampoco llegó la libertad. Sin embargo, esta relación con la opresión hace que al escucharlo seamos conducidos en un camino que la busca. Este camino es una experiencia de vida.

Su valor también se encuentra en su adaptabilidad y la versatilidad de su expresión; en la riqueza de su origen. En la opinión de un amigo, el blues enriqueció la música popular estadounidense al crear algo tan valioso a partir de rimas inglesas, baladas escocesas e irlandesas narradas. En una opinión más extendida, el blues enriqueció la música en general. Su huella se encuentra desde el ragtime y el jazz hasta el rock and roll y el heavy metal, pasando por el hip hop. Una de las influencias de The Rolling Stones fue precisamente Muddy Waters, famoso músico de blues.

Esta doble riqueza es una enseñanza de tolerancia. Es una invitación a escuchar toda clase de música, tanta como el amor por la libertad nos lo permita. Por tanto, no pretendo definir lo que debe ser la buena música, o los buenos estilos musicales. Sólo los invito a escuchar sin prevenciones; podemos aprender mucho. Escuchar blues es atreverse a escuchar.

Es por esto que se debe resaltar el II Festival Internacional de Blues, que fue organizado por el Centro Cultural Colombo Americano de Cali, la Fundación Outside Arts de Colombia y que contó con el apoyo del Ministerio de Cultura, Secretaria de Cultura del Municipio y Escuela de Blues de Buenos Aires Argentina, los cuales trajeron esta música de manera gratuita a diferentes escenarios de Cali, como el teatrino del Museo La Tertulia, donde se realizó el cierre del evento. Al final, que se hiciera al aire libre, favoreció la tarea de divulgación al permitir un buen número de asistentes de todas las edades.

También debemos resaltar la variedad en las presentaciones, la cantidad de asistentes —que se duplicó en relación con el primero—, el número de espectáculos y las actividades pedagógicas. Fueron una síntesis del recorrido histórico musical del blues. El concurrido final es la prueba de que el público anhela escuchar blues, y unas excelentes interpretaciones de clásicos como St. James Infirmary o Got My Mojo Working son suficiente cartas de invitación para un tercer festival de blues. ¡Púdrete Flanders!

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