Inocencia estúpida

Inocencia estúpida

Fotografía: Álvaro Rojas - El Clavo

Con la convicción que tiene todo colombiano de ‘echar pa’ lante’ en esta selva de cemento, Jaime es un tipo común, camellador, buena gente, soñador, honesto, con metas y propósitos y, de lo más de simpático. Mejor dicho, pa´ no alargar la cosa, un criollo del populacho de nuestra gente y de hábitos tan simples, como es el hecho de llegar mamado de trabajar, sudado, a echarse en el sofá de su casa a rascarse las pelotas mientras ve la ‘tele-basura’, perdón, las ‘cuasiverdadesnoticiales’ que pasan por los canales de nuestra tele colombiana.

Jaime se levanta todos los días súper temprano para llegar a su trabajo. Trabaja como mensajero en una prestigiosa empresa de mensajería, tiene moto, se viste a la  moda, no le falta una novia y, por supuesto, tiene la mejor compañía inventada hasta ahora: un celular, el aparato tecnológico que revolucionó al mundo (a ostentar otra dependencia).

Entonces, en un día como cualquier otro, al medio día, la hora del descanso, Jaime se encontraba, como de costumbre, mandándose mensajes de texto con su novia (pero ojo, mensajes de texto normales, no chateando por facebook ni msn). Por lo anterior, en ese frenético ir y venir de entregar y recibir mensajes, hubo uno que le llamó muchísimo la atención, claro que siempre le habían llegado mensajes de este tipo, pero ese, este mensaje lo dejaría impávido. El mensaje decía algo así como ¡Felicidades! Por haber sido un usuario tan consecuente en tus recargas, M… te premia al darte el triple en recargas durante un año. Para acceder a la promo, solo debes hacer una recarga al # (317…) por solo 150 mil pesos y nosotros de triplicaremos el monto de ese valor. Recuerda, al realizar la recarga debes confirmar mandando un mensaje de texto a ese número. Gracias.

Jaime, leyó con atención aquel mensaje y como una luz, llamó a su novia a contarle la gran noticia, pero ella no estaba segura de que tanta dicha fuese cierta, no se creía tal cuento. Sin embargo, para Jaime, un tipo al que se le había negado la oportunidad de ganarse algo en esta vida, un soñador, un hombre que creía que por fin la suerte le sonreía, creyó firmemente que esta vez nadie lo persuadiría de desaprovechar esta bendecida oportunidad que mi Dios le había otorgado a él y sólo a él. Así que sin mayores contratiempos, realizó la recarga e inmediatamente envió un mensaje de texto confirmando el éxito de la misma al número estipulado y al instante, en menos de lo que canta un gallo, antes de lograr hacer cuentas de los miles de minutos y mensajes que tendría  por un año, que le podría enviar, no sólo a su novia, a sus hermanitas, amigos y, por qué no, también hasta saldría beneficiada su nueva amante, para su sorpresa, o mejor, para su desgracia, le llegó un mensaje que resultó siendo corto, pero lo profundamente sustancioso que, incluso, lo paraliza hoy por hoy cada vez que lo rememora. El susodicho contenía, más o menos, lo siguiente: De los muchos mensajes que mandé, vos sos el primero que cae… ¡Gracias por la recarga, so pendejo!

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