Juan es ciudadanía y bacanería

Juan es ciudadanía y bacanería

 

Foto por: Raquel Muñoz

Nuestra realidad también pertenece al orden inverosímil de la música y la alegría. Así quedó confirmado con el concierto “Paz sin fronteras”, interpretado por las voces solidarias de un conjunto integrado por “siete cancilleres” procedentes de ese imaginario “País de la Paz” presidido por Lennon, cuyos límites inviolables son el respeto a la vida, la creatividad y la fraternidad. Fue un concierto inverosímil, no sólo por haber convocado en apenas una semana a los mejores cancilleres de la paz y la alegría iberoamericana, sino sobre todo porque ellos impartieron una lección histórica de política y responsabilidad, en su condición de ciudadanos y artistas, a tres desafinados y cacofónicos Presidentes Andinos. Tres mandatarios que parecen no estar a la altura de las necesidades y sueños de sus mandantes, una ciudadanía que exige por igual y simultáneamente paz, pan y libertad. Tres gobernantes que demostraron no estar preparados para interpretar y mucho menos dirigir el coro polifónico de la paz. Esa obra que integra las voces más disímiles sin la vana pretensión de alcanzar la armonía, justamente porque reconoce y respeta todas las gamas de tonos y timbres existentes. Esa obra que se escribe e interpreta sin voces dominantes y estridentes, pues busca identificar y sumar el mayor número de tonalidades posibles con su riqueza de matices y sensibilidades. Porque la paz es una obra que se entona y escucha cuando no se acallan las voces disidentes y mucho menos se las elimina violentamente, como suelen hacerlo aquellos directores de coro que padecen graves enfermedades de oído (laberintitis), carecen de equilibrio, sensatez y talento para reconocer la algarabía de la vida que es la paz.

Esa prodigiosa algarabía que entonaron los “siete cancilleres” de la paz, cada uno con su voz y personal talento. Desde el bullanguero y alegre de Vives con sus acordes de provincia, pasando por las románticas baladas de nuestros vecinos, Juan Fernando Velasco y Ricardo Montaner, heridos de amor y pasiones no correspondidas, para continuar con la lluvia de café y los ritmos caribeños de Juan Luís Guerra, un auténtico oasis de paz y culminar con ese éxtasis de sentido que fueron los ritmos sincréticos y las letras siempre inspiradas, oportunas y sugestivas de Alejandro Sanz, Miguel Bosé y Juanes.

Así como quedó garabada en la memoria universal un 9-11 con sus imágenes de destrucción y muerte, producto de un imperio que engendra un odio sin fronteras, el pasado 16 de Marzo nos ha dejado en el corazón la certeza de que es posible una paz sin fronteras, siempre y cuando se reconozca a los pueblos su derecho a la vida y la alegría, como generosamente la brindaron los “siete cancilleres” de la paz durante toda esa luminosa y estival tarde del 3-16. Frente a un norte azotado por la prepotencia y el odio, ellos nos demostraron que el Sur también existe, como bien lo expresó Mario Benedetti, en medio de la alegría de las canciones, la solidaridad y la fraternidad de sueños y frustraciones compartidas. Los “siete cancilleres” de la paz con sus canciones nos recordaron, como lo manifestó Juanes, que “la paz no tiene dueño, la paz sólo puede construirse entre todos y por eso estamos aquí.” Pero especialmente que la paz es un asunto de ejercicio de la ciudadanía, como recalcó Juanes, antes que de mandatarios más o menos pasajeros, que buscan vanamente perpetuarse en el poder. La paz no está atada a destinos personales de mandatarios soberbios y prepotentes que desconocen fronteras en nombre de la “seguridad democrática” o de megalómanos deschavetados que pretenden borrarlas invocando en forma demagógica la memoria del Libertador. El concierto nos demostró que la paz está inscrita en las fronteras vitales, alegres, fraternales e inviolables de esa ciudadanía atenta y entusiasta que coreó y acompañó a Juanes y Bosé cuando cantaron “Nada particular” y entonaron: no queremos “una patria fugaz”, sino “dignamente un abrazo, en fin…nada particular.” Pero para ello es necesario: “Que mi historia no traiga dolor, que mis manos trabajen la paz, que si muero me mates de amor, nada particular.” En fin, Juan es ciudadanía y bacanería.

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