Kubrick nos engañó

Kubrick nos engañó

Foto: Jose Luis Galvis - EL CLAVO

Todos hemos visto en televisión el vitrinazo del alunizaje de Neil Armstrong y Edwin Aldrin en 1969. Todos hemos visto las fotos de nuestro planeta tomadas desde la Luna. Algunos incluso han tocado en Cabo Cañaveral los cohetes y plataformas usados en las misiones Apollo y hablado con los ya ancianos astronautas que alunizaron. Y sin embargo, todavía hay quienes insisten en que todo no es más que un elaborado montaje de la NASA para ganarle a los rusos la carrera espacial.

De acuerdo con el autor Andrew Chaikin, los amantes de las conspiraciones empezaron a alborotarse alrededor de 1968, cuando las misiones Apollo estaban ya orbitando la Luna. “Coincidencialmente”, por esa época el célebre director de cine Stanley Kubrick estrenó 2001: A Space Odyssey. Los increíbles efectos especiales logrados por la mano maestra de Kubrick convencieron a todo el mundo de que ya era posible fingir lo que fuera. Por eso no es de extrañar que cuando Armstrong y Aldrin arriesgaron su vida a bordo de una tostadora con cohetes, las imágenes pichurrias que transmitieron despertaran no pocas sospechas. Ciertamente, hasta el video más principiante que se pueda encontrar en YouTube luce más profesional que las tomas movidas, en blanco y negro, y con pocos detalles que utiliza la NASA como pruebas documentales.

Años después el tema cogió fuerza cuando el autor independiente Bill Kaysing publicó el primer libro al respecto: We Never Went to the Moon. Allí el autor propone una elaborada teoría que incluye una desalmada organización secreta con un estudio de cine bajo tierra, donde Kubrick en persona habría filmado las tomas. El engaño se habría armado en una base militar en el desierto de Nevada que podía albergar a los astronautas durante la misión con strippers traídas de Las Vegas para entretenerlos. Obviamente, no podían faltar los viajes en camiones y aviones encubiertos, ni los asesinatos de técnicos y astronautas disfrazados de accidentes para neutralizar a los delatores. El hecho de que una película con una trama muy similar se estrenara poco después (Capricorn One, 1978) no tuvo nada qué ver con el entusiasmo del público por el tema según Kaysing. En resumen, la propuesta del libro muestra que técnica, económica y logísticamente sí se habría podido montar el engaño, pero no aporta evidencias que prueben que fue así.

Indiscutiblemente, el hecho de que gran parte de las cintas originales de las filmaciones, datos de telemetría, planos de equipos clave y otros registros no aparezcan, no es que ayuden mucho a la credibilidad de la NASA. De otro lado, los escándalos del gobierno de George W. Bush por errores en el manejo de Katrina, la invasión a Irak o el calentamiento global demuestran que la estupidez burocrática es una realidad que no necesariamente implica una conspiración deliberada.

Lo único seguro es que naves rusas y gringas sí llegaron a la Luna porque dejaron equipos que todavía se ven desde la Tierra , como los espejos usados por los astrónomos para medir con rayos láser las variaciones en la órbita lunar. Ya si estas naves fueron tripuladas como dijo la NASA o todo fue un montaje ejecutado magistralmente por Kubrick, es un secreto que los astronautas se están llevando a la tumba. Lo más probable es que la NASA sí haya manipulado la evidencia, pero para esconder lo que no querían que los rusos vieran (las especulaciones van desde extraterrestres hasta tecnología secreta). En todo caso, si todo hubiera sido un engaño, tal vez los que más tenían qué ganar desenmascarándolo ya lo hubieran hecho hace más de 30 años: los rusos.

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