La colegiala

La colegiala

Fotografía: Alejandro Alvarán - EL CLAVO

Adolescente de colegio católico le escribe apasionadas y explícitas cartas a su profesor de matemáticas en las que le dice cosas como: ‘La razón de crecimiento de mi deseo por vos es denodadamente exponencial. ’’ O ‘‘Mi cuerpo es rigurosa, integralmente tuyo. No hay límite hacía ningún lado para esta pasión que se sale del rango de mi dominio y que abriga el conjunto fogoso de mis ansias. ’

El profesor que es casado e irremediablemente tímido no sabe muy bien qué hacer. Mientras, la chica se hace cada vez más atrevida y las cartas también, sucediéndose sin pausa. En algunas ocasiones van acompañadas de delicada lencería y comentarios como: ‘‘Sigo teniendo sueños húmedos en los que tu vector penetra el vértice de mi cono virgen en todos los ángulos imaginables y la variable dependiente por vos es imposible de despejar’’

Evidentemente, el problema ha tomado ahora proporciones mayúsculas y nuestro ingenuo profesor, muy agobiado, sigue sin saber cómo reaccionar y se deshace presuroso de la evidencia epistolar. En un momento de desasosiego le comenta el dilema a su ‘‘amigo’’ el profesor de biología. Éste, mucho más avezado en el tema en cuestión, le aconseja que no haga caso omiso de los requerimientos fisiológicos de la chica pues eso podría empeorar las cosas. ‘‘No queremos que las hormonas de la chica colapsen’’-le dice- ‘‘Toda pasión es una obstinación natural, una terquedad, un desequilibrio químico. Aprovecha, no sabes cuándo se te puede presentar una oportunidad similar. ’’

Efectivamente, nuestro profesor toma nota mental de las palabras de su compañero y decide afrontar sin titubeos el asunto. Esa noche, después de hacer el amor maquinalmente con su esposa pero pensando, en todo momento, en la carne núbil y prieta de la colegiala, decide actuar y le responde, escribiéndole también una evidente carta. En ésta le coloca una cita para el día siguiente;  pero esto, sin esperarlo, como un feedback positivo, desencadena un desequilibrio en el orden preestablecido de acosadora y acosado, de predador y presa, de sitiadora y acorralado.

Al llegar al lugar del encuentro, nuestro profesor, muy excitado y ansioso, se encuentra con una desafortunada sorpresa. Es asediado por la susodicha, pero también por los padres, el rector del colegio, el profesor de biología, el de ética y por su conmovida esposa que lo espera estremecida sin dar crédito a lo que ve. También lo espera todo un equipo periodístico de CNN y los productores de un reality a lo Truman Show. Sin saber cómo explicar aquello el profesor opta por la negación desconociendo toda la lógica que sus razonamientos le han enseñado. De inmediato, es despedido y demandado por corrupción de menores. Su caso es seguido por una audiencia global a través de Youtube. Su esposa lo abandona y a los pocos días está viviendo con el profesor de biología. A la chica la colocan en terapia psicológica para remediar el daño ocasionado por el infeliz ‘‘degenerado’’. Al parecer, todo indica que la pasión de la chica era inversamente proporcional al rechazo que le profesaba nuestro profesor.

Comments

comments