La crisis de los 25

La crisis de los 25

Cuando tenía 20 años tuve una novia que tenía 25. En ese momento pude ver que las mujeres al llegar o acercarse a esa edad sufren una situación que denominé “La crisis de los 25”, y durante estos años he hablado cientos de veces sobre esa teoría en la que la mujer al llegar a esa edad empieza a hacer memoria de lo que hizo o dejó de hacer. También es un momento en el que ellas sacan una calculadora y empiezan a sumar y restar desesperadamente para determinar cuáles deben ser sus pasos en los próximos cinco años antes de cumplir los temidos 30.

Los cálculos de la crisis de los 25 en las mujeres son más o menos así:

Tengo 25 años, a los 30 quiero tener mi primer hijo, así que tengo que casarme a los 27 para alcanzar a estar unos 3 años de casada sin hijos y poder disfrutar con mi esposo. Si me voy a casar a los 27 y tengo 25 años… Las que no tienen novio dicen: Tengo que estar conociendo al hombre de mi vida ya mismo para que duremos unos 2 años de novios antes de casarnos… Por el contrario las que sí, ahí es cuando lo echan si uno NO es prospecto de marido.

Y las mujeres se ponen histéricas cuando les comparto mi teoría; lo que ellas no saben es que les llegó el momento de la revancha, de la reivindicación… Yo venía sintiendo desde hace un par de meses una ligera desubicación en el mundo con síntomas parecidos a los de la ya explicada crisis femenina a sus 25 años. Empecé a pensar en las oportunidades que no aproveché, las fiestas a las que no fui, las mujeres que rechacé… y el problema con nosotros los hombres es que no exteriorizamos ese tipo de pensamientos, y mucho menos los compartimos con otros hombres.

Pero cuando la cosa está mal, está mal, y uno no pasa por los 25 años sin rayarse el coco y pegarse una que otra deprimida; fue entonces cuando con la ayuda de unas cuantas cervezas, tres de mis amigos y yo empezamos a escupir todas esta vaina llena de pensamientos, aburrimiento, decepción, arrepentimiento y frases como soy un pendejo, que sólo se pueden traducir en un compactado concepto llamado: la crisis de los 25. Y sí; sí nos pega, sí nos llega, sí nos jode.

Hay que aclarar diferencias de fondo y forma que tiene esta crisis entre los hombres y las mujeres. A los hombres NO nos entra ningún afán por casarnos, mucho menos por tener hijos y NO lloramos. Nuestra crisis va más encaminada a hacer lo que no se ha hecho. Los que no hicieron deporte empezarán a hacerlo; los que no parrandearon empezarán a hacerlo; los que no se acostaron con toda la universidad lo intentarán con toda la empresa.

¿Hay que preocuparse por la crisis de los 25? No, no hay que preocuparse porque precisamente es eso, una crisis, un momento de pendejada colectiva por el susto de haber estado en esta tierra 1/4 de siglo. Por lo pronto deje de hacerse el machote y vaya cuéntele a su mejor amigo cómo se siente. Exteriorizar sirve. Nos vemos en 5 años con la crisis de los 30.

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