La dobladora

La dobladora

Foto:Dario Recalde - EL CLAVO

Foto:Dario Recalde - EL CLAVO

Como la gente pasa por ignorante cuando le conviene y otros lo hacen o son todo el tiempo, resulta fácil cautivarlos con una “zanahoria”.
La gente, sin necesidad de levantar las manos, entrega o apuesta su dinero no con los porcentajes que validan las probabilidades estadísticas del juego, sino con los porcentajes de rentabilidad que recibirían si llevan tanto y esperan tanto para que les paguen el tanto inicial multiplicado con otro tanto más.

Al igual que en las iglesias de garaje, los diferentes nombres de las pirámides financieras son, desde el punto de vista publicitario, poco atractivos, pues les toca, o camuflarse en palabras que no tengan nada que ver con el negocio o incluir términos (entre rebuscados y esperanzadores) que fortalezcan su credibilidad. En cualquier caso, inocentemente funcionan. ¿Por qué?
A todos nos gusta presumir, chicanear, ostentar… restregarles a los demás nuestras pertenencias materiales que hemos ganado con o sin sacrificio, pero que finalmente ¡tenemos!. Nuestro ego se inflama cuando nos encontramos arriba de algún pobre diablo, porque queremos desquitarnos de la patada en el culo que nos dio otro pobre diablo que está por encima de nosotros.

Entonces, si en tal “oficina” mi plata va a ganar desde el 50% hasta el 300% de interés en un período corto de tiempo, pues rapidito llegará el día en que pueda hacer el viaje de vacaciones que hasta mi mascota se merece, comprar ya no la moto (eso es de necesitados) sino el carro que oculte nuestra pobreza (mental y espiritual), y mostrarle al mundo que soy digno del mismo progreso económico que los empresarios y las familias más ricas de este país. Qué cómo lo haga, no importa. Si a otros les va bien, ¡por qué a mí no! Sólo es cuestión de fe: igual que en las religiones y los libros de superación personal.

¿Qué satisfacción, aparte del bienestar inmediato de lo comprado (como dice el refrán, “nadie me quita lo bailado”), dará el ganarse la plata así de fácil? Una primera victoria sería la de nuestro orgullo propio, la de nuestra vivacidad, nuestra astucia, nuestro instinto para los negocios. Después, la de la suerte que me trajo el rezarle a cualquier san-dios-virgen porque el poliedro monetario no se cayó cuando estábamos dentro.

¿Será que somos capaces de ver tranquilamente la película (pirata, por supuesto) si sabemos que compramos el televisor Plasma y el Home Theater con el dinero que ganamos en la pirámide que se cayó ayer, dejando a miles de (otros) pobres diablos en la quiebra, porque no alcanzaron a retirarlo antes de que el negocio cerrara el local, y encontraran después al “asesor de inversiones” muerto de un tiro en la cabeza?
La promesa de “La Dobladora” (nombre actual y real) es devolverle el 100% del capital inicial en intereses mensuales, siempre y cuando no lo retire por lo menos durante los tres primeros meses. O sea, si llevo $100 hoy, en un mes serán $200, en dos, $400, y al final del trimestre serán $800.

Cómo no voy a invertir mi plata con tan sugestivo nombre, ¡si me la van a doblar!

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