La escarificación: Un arte estigmatizado

La escarificación: Un arte estigmatizado

escarificación

Por siglos las modificaciones corporales han sido señaladas como prácticas desagradables. Aún en pleno siglo XXI, se entienden como tabú. Estas, se han heredado como identidad de comunidades tribales. Para ellos, son ritos culturales propios de un grupo o civilización, realizados como símbolo de iniciación en estos. El paso a la madurez, la transición de niño a hombre; o bien puede ser, como castigo. Entre culturas, estas marcaciones en el lienzo epidérmico representan fuerza, coraje, destreza, madurez y hasta belleza. Hoy día, esto, como tradición, se acordona en el olvido, y se adquieren como estilo de vida o moda.

La escarificación corporal es el arte de las cicatrices. Se realiza por medio de incisiones o cortes superficiales en la piel, llámese “hatching” (cortes en la piel), Sking-Removal (remover la piel) o “branding” (quemar la piel), con elementos esterilizados como cúter, bisturí o puntas. -Estéticamente irreversibles.- Por suerte, esta resurgiendo como un movimiento artístico que no solo busca pautar una ideología, sino la singularización de la persona. Un ‘tatuaje’ no convencional.

Su cuidado es muy importante, puesto que de este, depende el resultado final. En gran parte, se asimila al del tatuaje. Se debe evitar el roce con prendas, pues haría el proceso de recuperación, menos doloroso. No exponer al sol o al sudor. No se deben quitar las costras para evitar cicatrices queloides. La constancia en cuanto a la higiene, es vital. No solo del dibujo, sino del sujeto. Esto, con el fin de prevenir infecciones. El tiempo de curación se estima entre dos a cinco meses, siguiendo las instrucciones de cuidado.

Sin embargo, existe una dicotomía entre lo cultural y la moda. ‘Se habla de una conservación de la memoria, pero su resurgir se debe a un concepto de imagen’, explica Ariana Echeverry, experta del tema. En el caso de la escarificación, poco suelen practicarla y aún más, lucirla, debido a su estigmatización. Tal vez el hecho de alterar algo tan sagrado como el cuerpo genere la discusión, pues bien cuentan los abuelos que ‘el templo del alma’ es un elemento prestado y no debe alterarse en ningún aspecto.

Artistas como Rubén Calderón, tatuador y escarificador en LORO’S TATTOO STUDIO, afirma que “la escarificación es hacerle frente al dolor. Algo a lo que muchos le temen”. Fuera de su contexto socio-cultural, son pocos los profesionales y escasos los que deciden experimentarlo.

La escarificación entonces, será tal vez conservada como una estigmatización social. Pero sigue siendo un fruto exótico de nuestra cultura aborigen. Un conjunto de sabores bien conservados que dependen de la memoria para sobrevivir y que más allá de sonreír en la piel, sostienen fielmente que la vida se puede pintar en nuestro lienzo subdermico. El reto, si deciden aceptarlo, ¡es escarificarse!

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