La Oportunidad de la Esperanza

La Oportunidad de la Esperanza

Por: Michel Maya

En el año 2010 Tony Judt publicó el Libro “Algo Va Mal” haciendo un llamado de atención a la humanidad por nuestro estilo de vida egoísta, enfocado a la riqueza y al consumo sin responsabilidad. “En los últimos 30 años hemos convertido en virtud la búsqueda del beneficio material, hasta el punto de que eso es todo lo que da sentido a un propósito colectivo”.

En Santiago de Cali La miseria crece (7,1% en el 2005 a 9,8% en el 2009) y la pobreza se mantiene estable (32,6%), Situación que nos recuerda al economista Adam Smith: “Ninguna sociedad puede ser próspera y ser feliz si la mayoría de sus miembros son pobres y desdichados”.

Nuestra ciudad vive un periodo de violencia generalizada. Una tasa de homicidios de 81,3 por cada 100 mil habitantes al 2010; Los homicidios por convivencia –intolerancia social– son la mayoría de los casos, siendo los jóvenes los que están aportando la cuota más alta de muertos y asesinos. El símbolo de la esperanza y el futuro está en crisis, al igual que la sociedad que los alberga.

No hay que ser un experto para llegar a la evidente conclusión: Algo va mal. Los jóvenes demandan oportunidades, la población en general, demanda empleo, las autoridades municipales piden recursos económicos para aumentar la inversión (Cali tiene de presupuesto de libre inversión para el 2012 menos de 150.000 millones de pesos), la policía quiere aumentar el pie de fuerza, acompañado de capacitaciones para sus miembros y reducir el tamaño de los cuadrantes.

Trabajar la situación exige medidas de corto y largo plazo, medidas de choque conjugadas con estrategias estructurales que permitan apagar los incendios existentes y al mismo tiempo plantear un nuevo modelo de sociedad.

En ocasiones pareciera que los jóvenes y su tiempo libre son un problema para la ciudad, paradójicamente es ahí donde Santiago de Cali tiene su mayor riqueza, su gran oportunidad, es la población disponible, aquella que tiene un horizonte de posibilidades aún por descubrir.

Curiosamente tenemos instituciones educativas suficientes para formar a l@s caleñ@s en los distintos niveles de formación: básica primaria, bachillerato, técnica y superior. No carecemos de recursos económicos, sufrimos de ausencia de voluntad y ante todo de la decisión inamovible de enfocarnos en formación humana.

Algo anda mal, no por la ausencia de bachilleres, técnicos o profesionales; no es la falta de recursos económicos o de plazas de empleo; vamos mal por la falta de seres humanos, de formación humana, de gobiernos enfocados en la vida y el ser humano.

Es la formación humana la que posibilita que las personas escojan dialogar en lugar de reñir ante una diferencia. La formación humana propende por seres que son dueños de sí mismos, propietarios de sus pensamientos, sentimientos y acciones, actores y autores de su realidad. Si entendemos que cada uno de nosotros es el centro de todo desarrollo, el eje fundamental de la sociedad estará en las personas; allí esta la oportunidad de la esperanza.

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