Vida de Recluta

Vida de Recluta

En el ejército los primíparos son llamados reclutas, y eso quiere decir que uno es el mamífero con menor rango que hay en todo el batallón. A uno lo llaman de diferentes formas como recluta pecuecudo y feo, cosa con ojos, monstruo o simplemente moco.
Eso que les dicen “hola tigre” o simplemente “soldado” es para series como Hombres de Honor y películas como Soñar no cuesta nada, pura ficción. Ser conscripto es una experiencia 100% nueva, es otro cuento y seguro que deja algún trauma. Todos los que hemos ido al batallón tenemos miles de historias tipo “Historias Asombrosas” como las que siguen, pero crean que todas son ciertas.

Antes de entrar: El examen médico
Todos debemos vivir la experiencia que le cojan las bolas y le abran la boca con la misma mano con que han revisado a los 100 compañeros del colegio antes que a uno. “Usted debe ser monogónada” le decía el médico a un compañero mientras le cogía las pelotas al tiempo que se reía. Lo tenaz es que nadie en el salón sabía que Urrea tenía una güeva, aunque muy de buenas porque le gritaron: “¡Usted no es apto!”, o sea que se salvó. Ahí entendí que los testículos tienen más funciones de las que uno cree. En cambio a mí me dijeron “relájese, está muy asustado… deje que le bajen”.

El día de la incorporación
Había una fila tenaz y yo me hice de último como me dijo mi mamá, dizque para quedar sobrando y salir victorioso con un recibo equivalente a no quedarse en el cuartel. Pero no, a mí me escogieron de primero entre 270 candidatos. “Allá, el alto… ¡Sí usted! Créala lanza… ¡Bienvenido al ejército!” me dijo el entonces Mayor Chaustre. El primero entre 270, digno de hacer un chance aquel día. Después quedé con la cabeza verde de la calviada de gamín que le pegan a uno con una máquina caliente.

Primer día en las duchas
Hora de la diana (sonido de trompeta): 4:00am. La escena son 150 manes calvos empelotados, con solo la toalla y el jabón, corriendo descalzos a millón por el alojamiento al ritmo del chisqueo de las dos güevas (recuerde que con una se salva) rumbo a 20 duchas, mientras tres Suboficiales van detrás animando la carrera con machetes y palos. Luego gritan: “¡Aaaallto! ¡Hagan una fila!” Entonces un oficial se hace al final de la cola y empuja al último con toda su fuerza hacia delante y grita “¡sentirlo pero no hundirlo!”. Después llegan las duchas, en ese preciso momento le llega a la mente el chistesito pendejo de la caída del jabón, así que a apretar jabón y no dejarlo caer, y si se cae ahí se queda.

La primera cagada
Esto ocurre como a los 10 días porque uno le saca literalmente el cuerpo a esa transacción, el tema es de apretar. Resulta que los baños tenían sólo ocho sanitarios seguidos uno del otro y separados por un muro de un metro, o sea que uno puede charlar con el vecino e intercambiar experiencias. El cigarrillo es tan o más importante que el papel higiénico y se usa para neutralizar olores. Una cuestión práctica y elemental para tener una transacción exitosa.

Los apodos
Así uno tenga el apellido pegado en el camuflado, y al igual que en el fútbol, el apodo es vital. A un negro de Buenaventura como de dos metros le decían copito de nieve, a un man le decían 180 porque ese fue su puntaje en el ICFES, a otro le pusieron Condorito por la talla de sus botas, y a otro le decían M-60 por tatareto.

Afortunadamente en el batallón uno tiene oficio todo el día, lo que hace que el tiempo pase rápido. En términos generales el ejército no sirve para nada fundamental en la vida, pero es una experiencia que da de qué hablar en un asado, fiesta de los tíos o en una fila bien aburrida, como la de la VISA.
BOCADILLO
La escena son 150 manes calvos empelotados, corriendo a millón por el alojamiento al ritmo del chisqueo de las dos güevas

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