Llegalon los nuevos patlones

Llegalon los nuevos patlones

Los Juegos Olímpicos de Beijing enviaron un mensaje fuerte y claro: los chinos son los nuevos duros del barrio, y así como el siglo 19 fue de los británicos y el 20 fue de los gringos, no cabe duda de que el 21 va a ser el siglo de los chinos.

Atrás quedó ese prejuicio de que “made in China” significaba “de mala calidad, pero barato”. Ahora el problema es encontrar algo que NO sea hecho en China, de la calidad que sea, que en muchos casos es superior a lo que producimos acá. Eso sí, nosotros les vendemos haaaarto carbón, pero ni con todo el Cerrejón logramos satisfacer toda su demanda.

Ilustración: Yamore - El Clavo

Eso es porque China es la economía de más rápido desarrollo en el mundo, que ha crecido en promedio 9.4% en cada uno de los pasados 30 años (1). En comparación, nosotros veneramos a Uribe porque durante 6 añitos nuestra economía ha crecido un promedio de… ¡5% anual! De hecho, los chinos han hecho plata tan rápido que ya “solamente” un 10% de ellos están por debajo de la línea de pobreza, aunque 130 millones de chinos sin poder mercar aunque sea la ‘canasta familiar’ sigue siendo una tragedia ante la que palidece nuestro bochornoso 49%.

Ese desarrollo ha sido consistente con su inversión de US$136.000 millones en ciencia y tecnología, el segundo presupuesto más grande del planeta. Para la muestra, ya han enviado al espacio dos astronautas y varios satélites con sus propios cohetes, mientras que lo único que tenemos para mostrar es el Libertad1, un satélite lanzado por la Universidad Sergio Arboleda en un cohete ruso alquilado en 2007 (2). Además, de ganarse su primera medallita olímpica en Los Ángeles 1984 pasaron a arrasar en Beijing 2008 con 49 medallas de oro, por encima de potencias deportivas como USA (33), Rusia (21) y Colombia (0). ¿Cómo hicieron? Crearon en 2000 el Proyecto 119 (3), que invirtió en instalaciones, entrenadores, médicos y estudios científicos para desarrollar atletas capaces de ganarse 119 medallas de las tres categorías en varias disciplinas. Claro que entre 1.300 millones de chinos no debe ser difícil encontrar 100 atletas talentosos, pero hacer ese tipo de inversión acá podría ayudarnos a mejorar el caminado en los próximos olímpicos, ¿no?

Sin embargo, tanto éxito aparente tiene su precio. Las constantes denuncias sobre violaciones a los Derechos Humanos, evidentes estragos en el ambiente (la ciudad china de Linfen es la más contaminada del planeta (4) ) y la terrible inequidad en los ingresos (aunque la costa está llena de millonarios, al interior lo que abunda es miseria) nos hace preguntarnos si estamos dispuestos a pagar tan alto precio por el desarrollo.

Aunque valdría la pena ver qué de lo bueno que han hecho los chinos podríamos adaptar acá, seguramente no debemos basar nuestro crecimiento económico en la industria pesada (cara, sucia y energéticamente ineficiente), sino apostarle a otras industrias como las del conocimiento y servicios. Nuestras altas tasas de desempleo (11,2%  en lo que va de 2008 (5)) demuestran que crecimiento económico no es necesariamente desarrollo económico, e invertir en la capacitación y educación de la gente para este tipo de industrias podría tener un mayor impacto en la calidad de vida de las personas que seguir invirtiendo en las industrias tradicionales.   Ah, y aprender a hablar mandarín tampoco nos vendría nada mal.

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