Lo que he aprendido como profesor

Lo que he aprendido como profesor

Cuando era estudiante fui bastante crítico de algunos aspectos negativos de la academia como los profesores mediocres, materias inútiles y contenidos improvisados. Por eso fui representante estudiantil y desde ahí comencé a entender un poco como es el maní. Ahora que llevo dos años como profesor, me encuentro al otro lado y en ocasiones siento que el boomerang se me devuelve.

Uno se da cuenta que hay varios perfiles de profesor y siempre hay un pulso interno entre los teóricos y los prácticos. Pero existen unos en particular que le tienen pavor a salir al mundo real y se quedan en la misma universidad que los educó. Así que hacen estudios —en la misma universidad— en cuanta vaina sale para llenar la hoja de vida y se convierten en sólo teoría. Un ejemplo claro son los del área de emprendimiento: enseñan algo que nunca han vivido porque no tienen empresa, pero tienen un PhD. en jugar Yoyo.

Recuerdo que en mi primera clase como profesor no sabía si vestirme con pinta de viejito para que dijeran “allá va el profesor”, o si simplemente con la pinta para ir a la universidad. Escogí la segunda y el resultado fue quedarme dentro del salón 15 minutos esperando a que la gente entrara. Cuando estaba aburrido salí y pregunté “¿alguien tiene clase acá?” y me respondieron con otra pregunta: “¿ah, usted es el profesor?” Claro, a los 25 años, con jean y tenis, uno no es que tenga mucha cara de profesor. Así que si usted está a punto de tener su primera experiencia sepa que el primer día de clase hay que tramar, ojalá con pinta de vendedor de enciclopedia o Testigo de Jehová: camisa por dentro, pantalón con prenses y portafolio colgado del hombro. Si le sale suficiente pelo para bigote o barba, déjesela. Y si a eso le suma unas gafas nbso online casino culo de botella, le dará un toque de intelectual que será clave para ser identificado como “el profe”.

Para superar el tema de la primera clase, me tocó aferrarme a la experiencia y el conocimiento con el fin de recuperar el camino perdido gracias a mis tenis. Entonces me quedaba noches enteras preparando clase y nunca se me ocurrió preguntar cómo es el cuento del pago y ahí me di cuenta que ser “Pobresor” en nuestro país tiene un gran mérito. La gente que se mete a ser educador lo hace por gusto o necesidad. Eso lo aprendí cuando recibí mi primer sueldo de $24.000 la hora menos EPS, ARP y toda esa vaina que uno jamás usa.

Otra cosa con la que me ha tocado lidiar es con las estudiantes coquetonas y recién engalladas con el combo: tetas, culo, boca y lipo. La otra vez me llegó un trabajo con labial. No es que uno sea Tony, yo creo que es como una fantasía de las estudiantes. Además, me tocó pararle bolas al tema de las groserías, le dije adiós a palabras como pendejo, la chimba, marica, petardo y güevón. Al vocabulario tuve que darle click derecho, luego buscar en el antiguo y reemplazarlo por: recórcholis, caramba, zambomba, caracoles y carajo. En días pasados le dije a una estudiante “no jodás” y se me armó tremendo pedo dizque por grosero. ¡Pura doble moral! ¿Pero quién le dice algo a la inversionista de la universidad que deposita 4 millones de pesos cada semestre?  Ella manda y sobre todo en época de crisis.

Definitivamente, el trabajo de un profesor es similar al de un artista, se hace por vocación y por gusto. Es una profesión que enamora, no tanto por la academia, sino por el contacto con los estudiantes. Además pagan por aprender. Lo duro es enseñar en un contexto como el colombiano, donde las cosas están al revés y es más rentable tener unas tetas gigantes y salir en TV, que ir a la universidad a estudiar.

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